Esa brillante idea

Capítulo 4

Iba a ser un día largo. John no conseguía quitarse la imagen de Vicky de la cabeza. ¿Qué tenía esa chica de especial? Seguramente nada, pero John tenía claro que Vicky era la chica de sus sueños.

Abandonó el Jaguar y cogió el ascensor. Sólo tuvo que esperar unos segundos para que éste llegara a la sexta planta. En esto había mentido un poco a Vicky. Si, era policía, pero detective privado.

Nada más entrar Nadia, su secretaria, le dio su café de todos los días, haciendo un gesto de agradecimiento, John entró su despacho, cerrando la puerta tras él.

Habían transcurrido más de dos hora. Es cierto que de director cobraba más, pero prefería el trabajo de campo que hasta hace poco hacía. Su vida en esos tiempos era ajetreada, pero se lo pasaba bien, se divertía.

John sacó el móvil y recordó que hizo una foto a Vicky mientras dormía, la pasó al ordenador y abrió el archivo. Éste mostró la imagen de Vicky envuelta en la sábana de sedase transparentaba.

En eso, la puerta del despacho se abrió de golpe. John cerró la imagen:

-¡Hombre, hijo! ¿Que tal tu primer día como director general?

-Prefería la calle

El anciano de pelo blanco se acercó hasta John y puso sus manos en los hombros del mismo.

-Era muy peligroso, tu madre y yo estamos más tranquilos si trabajas en la oficina.

John se levantó de la silla y observó pensativo a través de la ventana.

El anciano se colocó a su altura y comenzó a hablar.

-Hijo, ¿cómo va tu vida personal?

-No entiendo a que te refieres-John lo sabía perfectamente pero siempre intentaba esquivar las cuestiones personales que su padre le formulaba.

El anciano con una sonrisa pícara se acercó hasta el ordenador y tras abrir la imagen giró la pantalla hacia John.

-No me engañas hijo...-una fuerte risa sonó en el despacho.

John no conseguía encontrar una excusa, seguía pensando cuando su padre le habló.

-¿Cómo se llama? Es guapa.

-¡Vicky!-John apartó bruscamente a su padre y cerró la imagen, poco después la eliminó.

-Jajaja-la secundaria alertó a Nadia.

-¿Se encuentran bien los señores?

-Si, perfectamente. Pedro ya se iba. Acompañelo a la entrada, ya hablaremos papá.

-Pero hijo...

-Adiós.

John cerró la puerta y suspiró aliviado.

-Ya queda menos-Pensó John en voz alta.

La última media hora pasó rápida. Por fin vería a su chica. Mierda. John se acordó de las amigas de Vicky, esa noche se tenía que olvidar.

Subió al Jaguar, puso la radio a todo volumen y en menos de quince minutos había llegado.

Los gritos y carcajadas de las chicas se oían en toda la calle.

Si la mañana había sido larga...vaya noche le esperaba.

Nada más abrir la puerta Vicky se lanzó sobre él. Menuda bienvenida.

Los cuatro rompieron a reír. Lorena y Eva observaron como su amiga susurraba algo en el oído de John.

Éste con una sonrisa saludó a las jóvenes con dos besos y salió al jardín.

-¿Que le has dicho?-preguntó Lorena aferrándose con fuerza a un cojín. Los nervios podían con ella.

Eva, en cambio estaba como siempre, nunca se alteraba más de la cuenta pero no podía negar que estaba ilusionada.

Hace una media hora, Vicky les había comentado que había tenido una idea, pero había insistido  en que tenía que llegar John.

-Ya está cariño-dijo John desde la puerta corredera.

-¿Si? Muchísimas gracias cariño-Vicky le abrazó con fuerza.

-¿Me ayudas a preparar la cena?

-Claro que sí.

Los dos entraron en la cocina cogidos de la mano.

-¡Qué nervios Lorena!

Lorena no daba crédito de lo que acababa de oir, era la primera vez que veía a su hermana eufórica.

Eva no comprendía nada, hace un rato estaba bien, tranquila.

En eso el timbre de la puerta resonó en toda la casa.

-Chicas, ¿podéis abrir?-John estaba nervioso sin ningún motivo. Debía reconocer que Vicky era brillante.

Fue Eva la que se levantó a abrir la puerta, llevaba un camisón de las supernenas. Le venía pequeño pero le encantaba y no lo iba a tirar por nada del mundo. Demasiado pequeño.

Abrió la puerta y en la entrada divisó a dos jóvenes. Uno de ellos tenía un cuerpo bastante robusto, el otro, en cambio, era más normalito, pero muy guapo.

Eva se apartó de la puerta y permitió que los dos jóvenes pasaran.

Lorena, nada más verlos, se levantó, se ajustó el sujetador y le dio dos besos a cada uno.

El más robusto de todos se acercó a Eva y le dio dos besos.

-Hola-dijo en tono amistoso-soy Max.

Max empujó al otro chico hacia Eva y el joven se vio obligado a darle dos besos.

-Hola, yo soy Mario.

Eva correspondió a Mario con una sonrisa y se presentó.

La chica observó como su hermana tonteaba ya con Max y poco después vio como se iban a la habitación de invitados.

-Vamos a la cocina, John está ahí.

-Vale.

Eva se dio cuenta de que Mario era tímido y eso, no sabía porque le gustaba.

Al entrar en la cocina, la cena ya estaba casi lista.

-Jajaja-Eva no pudo evitar reírse-Me parece que Lorena y Max ya van por el postre.

-¿Ya? Si que van  rápido, bueno, cenamos los cuatro.

Vicky y Eva salieron primero cargadas con dos platos cada una. Lo demás ya estaba puesto.

 

 

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