Demasiado tarde

Capítulo 14

Todo esto era demasiado para él. John aún asimilaba la desastrosa noticia que su hermano le acababa de dar.

-Hermano, ¿estás bien?- Max se acercó a la silla donde se encontraba John y golpeó suavemente su hombro- Tranquilo, la encontraremos.

John se levantó bruscamente  y se aproximó al marco de la prueba. Lanzó un puñetazo con la suficiente fuerza como para abollar la resistente madera.

-¡Le prometí que la protegería!- Gritó enfurecido consigo mismo. El sentimiento de impotencia crecía a medida que pasaba el tiempo. En ese mismo momento, Alan entró por la puerta.

- ¡Jefe, la hemos encontrado!

John se levantó y tras coger la chaqueta del traje, salió por la puerta.

-¿A qué esperáis? Moved el trasero, tenemos cosas que hacer.

Max siguió los pasos de su amigo y juntos  salieron del edificio. Cogieron el Jaguar y conectaron la radio que les comunicaba con la central del edificio 24.

-Alan, busca a Alicia, es la que maneja el trabajo interno, tú ves a por Diana y síguenos.

-¡Entendido jefe!

Max mantuvo  la mirada perdida, sus  ojos  contemplaban cautelosamente  la ciudad que poco a poco se perdía.

Una hora después,  Alan y Diana ya les pisaban los talones, y ya habían abandonado por completo la ciudad.

-Jefe, ¿me escucha?- Una voz femenina y sensual sonó en el interior del coche.

-Te recibo Alicia, danos las coordenadas.

-Hemos localizado  por el GPS el teléfono móvil de Vicky, se encuentra en el antiguo hospital situado al final de la carretera 16.

-Gracias Alicia, ya vamos para allá.

John aceleró el Jaguar hasta el punto de alcanzar los 180 Km/h, en menos de 15 minutos habían llegado a dicho hospital.

Max bajó del coche un poco mareado, pero pronto se incorporó y desenfundó el arma de nueve milímetros que reposaba en la parte trasera de sus tejanos.

John cargó su revólver y juntos entraron en el recinto. No esperaron a que Alana y Diana les alcanzaran, no había tiempo.

Una vez dentro, John llamó al teléfono de Vicky. La enfermera que descansaba la vista en un gran mostrador, llamó la atención de John, pero éste le ignoró.

La enfermera enojada, se lanzó al encuentro de John y le arrebató el móvil de las manos.

-¡Señor, ya le he dicho que no se puede utilizar el móvil!

-Y usted señora podría haber vigilado mejor éste hospital- John se encaró a la mujer de mediana edad.

Max les separó y ordenó a John que se tranquilizara, mientras tanto el compraba información con la, ahora tranquila, enfermera.

Alan y Diana entraban ahora por la puerta, como no, un nuevo pique había  surgido entre la pareja.

-Disculpe el retraso señor, es que el compañero que me ha asignado ha resultado ser más inútil de lo que parecía.

Alan se dio por aludido, pero no quiso introducirse en otra estúpida discusión.

-Jefe, ¿ha aparecido ya?

La enfermera desvió la atención que tenía depositada en Max para centrarse en el apuesto joven rubio que acababa de entrar por la puerta.

-¿Alan?- Se aproximó un poco más al joven y ajustó sus gafas- Cómo has cambiado en todo este tiempo.

John aprovechó la confusión de la enfermera para entrar en la habitación donde había sonado el móvil de Vicky.

John recordó al instante a la mujer que yacía en la cama. Era la anciana que había recibido el disparo la noche anterior.

Se agachó para observar más de cerca la mancha que se encontraba en la camilla de la anciana. Evidentemente la sangre que se encontraba en ella no era de la anciana.

John encontró el móvil de Vicky en el suelo de l húmeda y fría habitación, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. La idea de perder a Vicky no abandonaba su cabeza y por mucho que luchaba por convencerse de que la encontraría, algo le decía que eso no iba a hacer, le ha fallado y seguramente, ya sea demasiado tarde.

 

 

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Comentarios: 1
  • #1

    Habana (jueves, 03 enero 2013 16:32)

    ohh :'(