Un nuevo problema

Capítulo 25

Las horas le pesaban. Había perdido la cuenta de las noches que llevaba sin dormir. Se giró. A su lado encontró a John, tumbado en la cama, tan guapo como siempre. Suspiró. ¿Por qué había tenido esa necesidad de besar a Dani? La duda le atormentaba. Quizá no quería tanto a John como ella pensaba… Salió de la cama y se dirigió al cuarto de baño cuándo se dio cuenta de que no estaba sola en el salón, otra persona descansaba en el sofá del enorme salón. Era Mario. Vicky pudo distinguir en sus ojos una mezcla de furia y, aunque intentara ocultarlo, de lágrimas.

-¿Estás bien?- Vicky se había mantenido al tanto de la situación entre Eva y el joven.

-Sí, claro. Todo lo bien que se puede estar cuando la persona que supuestamente te ama se da cuenta de que no eres el único hombre que hay en su vida. –Mario dibujó una sonrisa irónica en su cara y desvió la mirada para evitar que la preciosa joven lo viera en aquella situación.

Vicky se sentó a su lado y sin pensarlo dos veces lo abrazó. Mario se estremeció con el contacto de la chica. Éste le acarició el pelo y comenzó a besar su cuello.

-¿Qué haces?- Vicky lo apartó bruscamente y se arrinconó en uno de los extremos del sofá.

-¡Joder, no lo sé Vicky, no lo sé!- Mario empezó a soltar puñetazos a diestro y siniestro hasta que su mirada topó con la de Eva.

La joven observaba detenidamente la escena desde el umbral de la puerta de su habitación. Buscó con rapidez la mirada de Vicky y tras dirigirle a Mario una mueca de disculpa habló.

-Vicky tenemos un problema… Es Lorena, ha pasado, otra vez ha pasado, tenemos que llevarla al hospital.

Vicky corrió al cuarto de su amiga acompañada de la hermana de ésta cogió las llaves del coche de John y despidiéndose de Mario cerró la puerta. Vicky condujo lo más rápido que pudo mientras Eva estaba en la parte trasera del Jaguar abrazando con fuerza a Lorena.

Despertó. Vio que estaba en una habitación prácticamente incolora en ese mismo instante entraron Vicky y Eva. Lorena frunció el ceño y tras recolocarse en la estrecha camilla preguntó:

-¿Qué ha pasado? ¿Qué hago aquí? ¿Qué hace ésta aquí?- Lorena necesitaba las respuestas de todas las preguntas bueno, la última ya la conocía.

-Te ha pasado otra vez, has tenido esos espasmos y poco después te quedaste inconsciente- Aún viendo la reacción que su hermana había tenido al verla, fue Eva la que se decidió a hablar.

-¿Eso que tiene que ver para que esté aquí? Ya me ha pasado otras veces y los médicos no me han dicho nada de lo que tengo. Es una gilipollez todo esto.- Lorena fue a incorporarse cuando de pronto un fuerte mareo la azotó con una fuerza impecable. Estuvo a punto de caerse de la camilla pero, por suerte, Eva se dio cuenta a tiempo y la cazó al vuelo.

El doctor entró deslizando la cortinilla que separaba las dos camas que había en la habitación.

-¿Hay algún familiar de la chica?- Su voz era ronca aunque en su tesitura se podía escuchar una pizca de dulzura. 

Las tres chicas dejaron su conversación para otro momento y se giraron para ver al poseedor de esa voz más propia de un locutor de radio. Enmudecieron. Las tres se miraron cómplices y comenzaron a reír a carcajada limpia. Todas coincidían en lo mismo y lo sabían con sólo mirarse. El doctor vestía una bata blanca que le daba un aire bastante interesante. Su cara estaba adornada con una barba entre color castaño y pelirrojo y por unas gafas de pasta que le daban ese toque intelectual que sin ellas no aparentaría. Tenía el pelo corto pero largo a la vez. Sus ojos eran inmensos bueno, inmensos… eran normales pero todas y cada y una de las chicas se habían quedado prendadas de esos ojos color miel.

-Soy su hermana- Eva recordó la pregunta que el chico de unos 30 años había formulado nada más entrar.

-Perfecto, pues acompáñame- El doctor cogió de la cintura a Eva y ésta se sintió morir.- Sígueme.

Se sentaron juntos en la cafetería y el doctor se ofreció a invitarle a un café. Eva no podía hacerle un feo así que aceptó pese a que odiaba el café.

-Voy a serte sincero, tu hermana ha sufrido un ataque epiléptico. Pero por mucho que he revisado el electroencefalograma no consigo descubrir que es lo que lo ha causado. ¿Alguna vez ha sufrido un ataque con síntomas similares?

-Lo cierto es que si… Si no recuerdo mal, estábamos en el primer curso de la enseñanza obligatoria… Pero fuimos al médico, nos recorrimos Madrid en busca de alguien que pudiera decirnos que le pasaba, pero nadie nos dijo nada de lo que podía tener. Todos dieron por hecho que lo que había sufrido era un ataque de ansiedad.

-¿Qué pasó señorita? ¿Qué ocurrió justo antes de que empezara a tener esos espasmos?

-Pues no lo sé, no me acuerdo ya…

-Y, ¿esta vez?

-Lo cierto es que estamos, bueno, está molesta conmigo.

-¿Crees que el motivo de esa pelea entre vosotras pudo ser lo suficientemente trascendental para que Lorena sufriera esos ataques?

-¡No lo sé!- Eva se echó a llorar. Alguien la abrazó por detrás.

Eva se giró y decididamente se lanzó a por su padre. Había pasado tanto en tan sólo unos meses que aún no había asumido la gravedad del asunto. Sus padres no estaban al tanto de lo que ocurría ni de que el motivo por el que no volvían a casa era no ponerlos en peligro.

-Buenos días doctor soy José Manuel Ramos, el padre de Lorena Ramos.

-Encantado señor, soy David, el médico asignado para atender a su hija.

Ahora eran los dos hombres los que mantuvieron la misma conversación que la chica había considerado inútil cuando las preguntas las dirigía hacia ella.

-La primera vez que mi hija tuvo un ataque similar discutió con una de sus amigas.

-¡Vicky!- Eva comenzó a recordar lo que pasó ese día.

-Exacto, Lorena llegó a casa del instituto, se encerró en su cuarto y hasta la noche no la volvimos a ver. Fue Eva la que nos contó que pasó. Al parecer Lorena estaba colada por un chico de su clase, pero Vicky llegó ese mismo día diciéndole a mis dos hijas que tenía una cita con el chico en cuestión.

-En ese momento tanto mi padre como yo no le dimos mayor importancia, pero cuando entré para ponerme el pijama, Lorena estaba pálida, tenía los ojos en blanco y se movía de modo extraño Llamé a mis padres de inmediato, la llevamos al varios médicos de la ciudad pero no sacamos nada en claro.

-Entiendo… Bueno, pues creo que esto es todo por el momento. Les mantendré informados de los avances que tengamos. Me gustaría que Lorena pasara unos cuantos días en observación.

-Pero doctor, yo tengo que trabajar mi mujer también y mi hija Eva tiene que ir a la universidad, ¿quien se quedará con ella?

-No se preocupe por eso, tengo el turno de mañana, le aseguro que su hija estará bien atendida y luego ustedes podrán venir por la tarde.

Volvieron todos a la habitación de Lorena y David le contó todo lo que les había contado a ambos familiares. Vicky escuchó atenta. 

Fueron yéndose poco a poco, la última en irse fue Eva.

-Mañana vendré después de la universidad, así no comerás sola.

-Por mí como si no te vuelvo a ver.

Las palabras de Lorena hicieron que a Eva se lo encogiera el corazón pero aún así no flaqueó.

Se quedó sola. Sabía que no había estado bien la contestación que le había dado a su hermana pero necesitaba descargar toda la rabia que tenía acumulada hacia ella, si no nada volvería a ser como antes. 

Unos minutos después la puerta de la pequeña habitación compartida se abrió. El joven llevaba un ramo de flores en la mano y tras acercarse un poco más a ella la besó.

Tal vez sea mejor que Ángel esté con Eva, ahora sus sentimientos apuntaban en otra dirección. Martín era su próximo objetivo.

 

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