Fuera de juego

Capítulo 26

Alicia había abandonado por completo el domicilio de Alejandro. Se disponía a subir al coche, cuyas llaves acababa de coger, cuando alguien agarró su brazo con cierta brutalidad.

-¿Sabes lo que te hará tu tío cuando se entere de lo que has hecho?

El joven apuesto, ya conocido por todos vosotros, cambió por completo su rostro al ver a la preciosa rubia, que con distinguidas curvas, le dirigía una mueca de asco.

-¡Te dije que no volvieras a mencionar mi parentesco con el jefe!- Alicia se enfadó y tristemente comenzó a recordar.

“Eran finales de junio. Alicia, con siete años en ese entonces, esperaba su turno en las afueras del escenario. Llegó su momento, ese momento que esperaba cada año al finalizar el curso, la obra de final del curso. Temblaba. Asomó un poco la cabeza entre las dos cortinas que comprendían el telón pero por mucho que buscó, no los encontró. Tenía ganas de llorar, sus padres le habían prometido ir a verla. La señora Rose la llevó a la escuela esa mañana así que Alicia no pudo despedirse de sus padres. Ni pudo ni podrá. Poco después de finalizar la obra, un hombre de vestimenta elegante apareció en la sala escoltado por dos corpulentos chicos. Se la llevaron. Se la llevaron a su bando. Su tío, Ramírez, la introdujo en el negocio familiar, un negocio tan turbio que, aunque lo intentara, jamás lograría dejar atrás.”

Volvió a la realidad. Ignorando al chico subió al coche y arrancó el motor, dejando atrás a aquel joven que poco a poco se perdió en el horizonte.

Condujo durante horas hasta que encontró ese lugar tan importante para ella. Descendió del coche y pensativa contempló la antigua pero confortable casita que se encontraba al final del camino de piedras que ella misma  construyó.

-¿Qué haces por aquí?

Alicia sonrió al ver a su compañero de juegos de la infancia. Había cambiado. Sus dientes dejaron atrás el aparato y ahora relucían perfectos a la entrada de la noche. Su pelo, negro como el carbón, ya no presentaba esos odiosos rizos. Sus ojos, grisáceos, eran cubiertos por unas lentillas, que al fin y al cabo le favorecían más que las gafas.

-¡Vaya Richard, cómo has cambiado!- La chica soltó un silbido piropeando al joven mientras lo miraba de arriba abajo.

-Tú veo que sigues tan guapa como siempre- admitió Richard tocándose el pelo.

-Madre mía Richard, llevábamos más de diez años sin vernos.

-Sí, ha pasado mucho tiempo ¿Qué tal si vienes a mi casa? Tengo algo de vino y calefacción.

Alicia soltó una carcajada que resonó en toda la costa y tras volver un poco a la normalidad siguió al chico hasta su casa.

Estuvieron hablando durante horas. Las botellas de vino no dejaban de salir. El calor que el alcohol y la chimenea le proporcionaba comenzó a pasarle factura. Alicia se quitó la camisa blanca que llevaba. Una camiseta de tirantes negra, ajustada, salió a la luz provocando una reacción algo inesperada en el chico. Alicia apartó la mirada de sus ojos y descendió hacia su entrepierna. Tragó saliva. Richard se acercó lo suficiente como para poder susurrarle al oído.

-¿Recuerdas cuando éramos pequeños? ¿Recuerdas nuestras conversaciones? Soñábamos con vivir en la luna, decías que en ese lugar estaríamos tú y yo. Solos. Llevo mucho tiempo pensando en que sería de ti y en si te acordabas de mi. Te deseo. Y me gustaría que te convirtieras en mi luna para poder expresar mis sentimientos sin remordimientos. Te quiero, y quiero que seas tú la luz que ilumines mi vida.

Richard miró a su compañera con la esperanza de ver en sus ojos una llama de aprobación pero, decepcionado, observó como la preciosa rubia descansaba en el suelo de la sala de estar. Se había dormido.”No puedo desperdiciar esta oportunidad, si se va…no volveré a verla más.

Se decidió. Se acercó a la joven. Comenzó besando su cuello. Poco a poco fue dibujando la silueta de la chica con sus labios. Alicia se movió agitada sobre la alfombra, abrió los ojos pero aún siendo consciente no quiso parar. Ahora la chica llevaba el control. Con fuerza  lo tumbó en el suelo de la habitación. Se quitó las prendas que aún cubrían su torso, dejando así sus pechos  descubiertos. Richard, como si de un sueño se tratara, lanzó sus manos en busca de los firmes pechos de su compañera. Con la sangre localizada en una única parte de su cuerpo, el chico comenzó a dibujar círculos con sus manos. Alicia se retorció nada más sentir el tacto del joven. Richard flexionó con cierta dificultad la zona abdominal y elevó su cabeza hasta la altura del pecho de la chica. Abrió la boca lo suficiente como para sacar la lengua. Con delicadeza, lamió los pezones endurecidos de la rubia que se retorcía sobre él. Alicia enloquecía por segundos hasta que el calor la invadió por completo. Se desprendió de lo que le quedaba de ropa y con rapidez desnudó al joven. Las turnas cambiaron. Alicia se apartó y se dejó llevar. Richard se puso sobre la chica y con una fuerza incontrolada la embistió. Alicia no pudo reprimir ese grave gemido que se formó en el fondo de su garganta y salió precipitado rompiendo el silencio de la estancia. Sus movimientos aumentaron el ritmo e hicieron que la chica se estremeciera. Alicia comenzó a temblar. El momento llegaba. Richard aumentó aún más si cabe la velocidad y al mismo tiempo que oía gemir a la preciosa chica, acarició con las manos los pezones de la chica. La chica gritó como nunca lo había hecho, el  grito que anunciaba la llegada de ese clímax tan ansiado por la joven. Gimió, se retorció e intentó controlarlo para prolongarlo pero le fue imposible. Con rapidez, Richard abandonó definitivamente el cuerpo de Alicia. Todo lo que había estado aguantando todos esos años abandonó su cuerpo produciendo en él una sensación nueva que erizó su piel. Ahora ambos chicos permanecían inmóviles. Pasaron varias horas. Ya recuperados se sentaron en el sofá hasta que se quedaron dormidos.

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Abordaron la pequeña casita, forzaron la cerradura y entraron en el interior sigilosamente. No había nadie.

-¡Mierda! Mi instinto me ha fallado, que extraño…siempre que tenía algún problema acudía aquí.- Ramírez maldijo a su sobrina, esa pequeña zorra estaba venciendo su batalla y no podía permitírselo.

-No te preocupes jefe, no se saldrá con la suya siempre y cuando mantengas tu promesa.

-Claro, mantendré a Eva fuera de mi juego.

 

 

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