dom

01

jun

2014

De mal en peor

Capítulo 27

Se notaba la aproximación del verano. Todos y cada uno de los jóvenes tenían el presentimiento de que las cosas no iban a mejorar. Las cosas iban así:

Por un lado Lorena se había “reconciliado” con Max, al menos eran capaces de permanecer juntos en la misma estancia.

Del mismo modo, Vicky continuaba pensando todas las noches en la muerte de Dani, aquella que presenció y, según ella, fue su culpa. John no lograba entender la implicación emocional que su chica había sufrido pero lo dejó pasar, al fin y al cabo, el tiempo todo lo cura…o no.

Eva… que decir de ella… su corazón había pasado, en pocos meses, de no tener ningún inquilino  a estar dividido en tres… o quizá en cuatro: Mario, Ángel, Martín y… David?

Alan y Diana continuaban trabajando en el caso pero aún seguían sin comenzar ninguna relación ya que eso significaría el fin de la carrera de alguno de los dos.

Aquí está el resumen de la historia…pero ahora continúo con la historia completa.

En el local sonaba “don’t wanna go home”. Sentados en la barra se podía contemplar a un grupo de hombres de apariencias extrañas conversando animadamente. Lorena y los demás se sentaron en una de las mesas próximas al escenario. Todos se quedaron asombrados con la generosidad del joven médico. Lorena, nada más recibir el alta médica de la mano de David, aceptó la invitación que éste le hacía a una de sus actuaciones el viernes por la noche.

Ya era viernes como habréis podido comprobar. La música paró de golpe produciendo el asombro entre los espectadores y provocando el silencio en todos los grupos que en el pequeño local se encontraban.

Una jovencita rubia, a la que le faltaba mucha ropa, cogió el micro y entremezclando gritos y gemidos presentó al esperado grupo “fallen angels “

La música empezó a sonar. Suaves toques de batería adornaban la melodía que pronto se vio interrumpida por el cantante del grupo:

yesterday afternoon that you could see

from the sky down to being able to keep

you took your eyes and lips too

but I tell you that I will continue with you

                             ………

Eva perdió por completo el hilo de la actuación cuando se encontró con la mirada de David. Desde el fondo del escenario, el chico rasgaba las cuerdas de su guitarra a la vez que mostraba su preciosa sonrisa. La mirada de ambos jóvenes jugueteaban cómplices en la oscuridad del garito en el que se encontraban. Ángel desde el otro lado de la mesa observaba la imagen desgarrado por la imagen de una infidelidad imaginaria. “Lo que daría por tenerla y lo que he hecho por conseguirla para que este gilipollas la cautive en un día”.

El espectáculo terminó con un fuerte  aplauso por parte de los presentes. David y el resto de los componentes de su grupo bajaron del escenario. Con un solo gesto por parte del vocalista, los camareros colocaron una nueva mesa junto a la nuestra y cinco sillas, con el fin de que los músicos dispusieran de asientos próximos a los nuestros. David se acercó y Lorena recibió las manos del joven sobre sus hombros.

-¿Cómo vas? ¿Has tenido algún síntoma más esta semana?

-No, no, lo cierto es que no. Aún me noto la presión en el pecho pero es mucho más débil que al principio.- Contestó Lorena con los pómulos algo más enrojecidos de lo normal.

El médico fue saludando uno a uno a todos los chicos que se encontraban en la mesa y Eva fue la última en recibir su bienvenida. La joven morena lucía en aquel momento una camiseta blanca de encaje. Su escote era atrevido pero aún la imaginación tenía que ponerse en marcha para prever el resto de esa esbelta chica. Unos shorts oscuros resaltaban sus caderas y al ser de talle alto marcaban de manera sensual su cintura. Bajo la mesa, sus largas y bronceadas piernas, que  se veían a través de uno de los pliegues del mantel de la mesa, terminaban en unos tacones de unos diez centímetros que la estilizaban haciéndole parecer una auténtica modelo. David dejó caer sobre la preciosa y cambiada chica una nota plegada y poco después ya estaba sentado en la mesa  con el resto de sus amigos. Eva se levantó de la mesa disculpándose y corrió hacia el final del antro en busca del baño. Al  encontrarlo, se metió en uno de los servicios y, tras cerrar la puerta y comprobar que el retrete estaba limpio, se sentó. Abrió poco a poco la nota que David le acababa de dar. En ella se podía leer la dirección del chico y un teléfono de contacto. Un guiño adornaba la parte baja de la nota, la guardó en su sostén y se dispuso a salir del lavabo. Se encontraba retocándose el pelo cuando una mano tiró de ella.

-¡Vaya que sorpresa! ¿Cómo tu por aquí?- Martín se apoyó en la puerta del servicio bloqueando la única puerta de salida disponible en aquel lugar.

-¿Qué quieres?- Contestó Eva mostrando cierta repulsión a la situación.

-Pues mujer, creo que es evidente, te quiero a ti y todo lo que conlleva eso…- Martin bloqueó la puerta con el cerrojo y asentó una patada con todas sus fuerzas con el fin de doblarlo lo suficiente para que no se pudiera abrir, al menos no sin la necesidad de usar una excesiva fuerza.

-¿Cómo te lo tengo que decir? No quiero saber nada de ti.- La cara de asco de la chica iba aumentando por momentos.

-Bueno, mirémoslo por el lado bueno… No hay necesidad de que digas nada.

Martín se lanzó contra Eva con tanta brutalidad que la joven aterrizó en el suelo del pequeño cuarto de baño. Con la mirada asustada, Eva vio como el chico poco a poco se fue quitando la ropa que le tapaba el rostro. Con una fuerza creada por el mal, Martín rasgó la camiseta de la chica de arriba a abajo. Eva,  aún estando paralizada por el miedo, consiguió obtener la respuesta de sus músculos  y éstos comenzaron a trabajar como nunca lo habían hecho. Sus piernas se elevaron hasta la altura de la cabeza del joven pero no consiguieron causarle ningún daño.

-No te resistas preciosa, se que quieres… -Martín empezó a besar a la impotente chica. Eva al sentir los labios de ese degenerado sobre su cuerpo comenzó a gritar, pero el gritó que salió de su garganta pronto se vio ahogado por la mano del joven.

EL chico sacó de sus bolsillos varias cuerdas y un pequeño rollo de cinta americana. Esta última la utilizó para cubrir los jugosos labios de la joven y con las cuerdas trenzadas ató a la joven las piernas y las manos. Ahora sí, todo estaba listo para lo que tenía que suceder.

Mario observaba atento la puerta del baño por la que, ya media hora atrás, había entrado Eva. No sabía el por qué pero sabía que algo iba mal. Disculpándose también fue hacia el servicio. Intentó abrir la puerta del lavabo femenino pero ésta  estaba bloqueada. Se aproximó a la puerta y acercó su oído con el fin de captar algún tipo de sonido. Una especie de gemidos salían del interior. Lágrimas brotaban de sus ojos. ¿Era posible que Eva estuviera acostándose con otro? El corazón se le encogió de pronto al recibir ese pensamiento en su cabeza y poco a poco fue retrocediendo hacia su mesa sin embargo, conocía a Eva mejor que nadie y sabía que no era capaz de algo así. Salió corriendo en dirección al baño y tras coger carrerilla tiró la puerta abajo. La imagen que vio en su interior no se le borrará jamás de la cabeza. Eva yacía tendida en el suelo. El rímel de sus ojos se encontraba ya por casi todo su rostro, atada de pies y manos intentaba evitar lo que estaba a punto de suceder. Mario, con la vena del cuello hinchada, se lanzó a por Martín. Eva aprovecho que los dos jóvenes habían caído cerca de donde ella estaba para coger una pequeña navaja que su amigo de la infancia llevaba en el bolsillo. Se desató así, lo más deprisa que pudo, y con la camisa rasga y en ropa interior salió al local a pedir ayuda.

John fue el primero en reaccionar y junto a su hermano consiguió inmovilizar a Martín. Eva, mientras tanto, lloraba desconsoladamente en los brazos de su hermana. Sí, en los brazos de Lorena. Habían tenido ciertas diferencias en los últimos meses, pero a pesar de todo eran hermanas y eso, por mucho que quisieran, no cambiaría jamás. O tal vez sí.

 

 

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dom

06

abr

2014

Fuera de juego

Capítulo 26

Alicia había abandonado por completo el domicilio de Alejandro. Se disponía a subir al coche, cuyas llaves acababa de coger, cuando alguien agarró su brazo con cierta brutalidad.

-¿Sabes lo que te hará tu tío cuando se entere de lo que has hecho?

El joven apuesto, ya conocido por todos vosotros, cambió por completo su rostro al ver a la preciosa rubia, que con distinguidas curvas, le dirigía una mueca de asco.

-¡Te dije que no volvieras a mencionar mi parentesco con el jefe!- Alicia se enfadó y tristemente comenzó a recordar.

“Eran finales de junio. Alicia, con siete años en ese entonces, esperaba su turno en las afueras del escenario. Llegó su momento, ese momento que esperaba cada año al finalizar el curso, la obra de final del curso. Temblaba. Asomó un poco la cabeza entre las dos cortinas que comprendían el telón pero por mucho que buscó, no los encontró. Tenía ganas de llorar, sus padres le habían prometido ir a verla. La señora Rose la llevó a la escuela esa mañana así que Alicia no pudo despedirse de sus padres. Ni pudo ni podrá. Poco después de finalizar la obra, un hombre de vestimenta elegante apareció en la sala escoltado por dos corpulentos chicos. Se la llevaron. Se la llevaron a su bando. Su tío, Ramírez, la introdujo en el negocio familiar, un negocio tan turbio que, aunque lo intentara, jamás lograría dejar atrás.”

Volvió a la realidad. Ignorando al chico subió al coche y arrancó el motor, dejando atrás a aquel joven que poco a poco se perdió en el horizonte.

Condujo durante horas hasta que encontró ese lugar tan importante para ella. Descendió del coche y pensativa contempló la antigua pero confortable casita que se encontraba al final del camino de piedras que ella misma  construyó.

-¿Qué haces por aquí?

Alicia sonrió al ver a su compañero de juegos de la infancia. Había cambiado. Sus dientes dejaron atrás el aparato y ahora relucían perfectos a la entrada de la noche. Su pelo, negro como el carbón, ya no presentaba esos odiosos rizos. Sus ojos, grisáceos, eran cubiertos por unas lentillas, que al fin y al cabo le favorecían más que las gafas.

-¡Vaya Richard, cómo has cambiado!- La chica soltó un silbido piropeando al joven mientras lo miraba de arriba abajo.

-Tú veo que sigues tan guapa como siempre- admitió Richard tocándose el pelo.

-Madre mía Richard, llevábamos más de diez años sin vernos.

-Sí, ha pasado mucho tiempo ¿Qué tal si vienes a mi casa? Tengo algo de vino y calefacción.

Alicia soltó una carcajada que resonó en toda la costa y tras volver un poco a la normalidad siguió al chico hasta su casa.

Estuvieron hablando durante horas. Las botellas de vino no dejaban de salir. El calor que el alcohol y la chimenea le proporcionaba comenzó a pasarle factura. Alicia se quitó la camisa blanca que llevaba. Una camiseta de tirantes negra, ajustada, salió a la luz provocando una reacción algo inesperada en el chico. Alicia apartó la mirada de sus ojos y descendió hacia su entrepierna. Tragó saliva. Richard se acercó lo suficiente como para poder susurrarle al oído.

-¿Recuerdas cuando éramos pequeños? ¿Recuerdas nuestras conversaciones? Soñábamos con vivir en la luna, decías que en ese lugar estaríamos tú y yo. Solos. Llevo mucho tiempo pensando en que sería de ti y en si te acordabas de mi. Te deseo. Y me gustaría que te convirtieras en mi luna para poder expresar mis sentimientos sin remordimientos. Te quiero, y quiero que seas tú la luz que ilumines mi vida.

Richard miró a su compañera con la esperanza de ver en sus ojos una llama de aprobación pero, decepcionado, observó como la preciosa rubia descansaba en el suelo de la sala de estar. Se había dormido.”No puedo desperdiciar esta oportunidad, si se va…no volveré a verla más.

Se decidió. Se acercó a la joven. Comenzó besando su cuello. Poco a poco fue dibujando la silueta de la chica con sus labios. Alicia se movió agitada sobre la alfombra, abrió los ojos pero aún siendo consciente no quiso parar. Ahora la chica llevaba el control. Con fuerza  lo tumbó en el suelo de la habitación. Se quitó las prendas que aún cubrían su torso, dejando así sus pechos  descubiertos. Richard, como si de un sueño se tratara, lanzó sus manos en busca de los firmes pechos de su compañera. Con la sangre localizada en una única parte de su cuerpo, el chico comenzó a dibujar círculos con sus manos. Alicia se retorció nada más sentir el tacto del joven. Richard flexionó con cierta dificultad la zona abdominal y elevó su cabeza hasta la altura del pecho de la chica. Abrió la boca lo suficiente como para sacar la lengua. Con delicadeza, lamió los pezones endurecidos de la rubia que se retorcía sobre él. Alicia enloquecía por segundos hasta que el calor la invadió por completo. Se desprendió de lo que le quedaba de ropa y con rapidez desnudó al joven. Las turnas cambiaron. Alicia se apartó y se dejó llevar. Richard se puso sobre la chica y con una fuerza incontrolada la embistió. Alicia no pudo reprimir ese grave gemido que se formó en el fondo de su garganta y salió precipitado rompiendo el silencio de la estancia. Sus movimientos aumentaron el ritmo e hicieron que la chica se estremeciera. Alicia comenzó a temblar. El momento llegaba. Richard aumentó aún más si cabe la velocidad y al mismo tiempo que oía gemir a la preciosa chica, acarició con las manos los pezones de la chica. La chica gritó como nunca lo había hecho, el  grito que anunciaba la llegada de ese clímax tan ansiado por la joven. Gimió, se retorció e intentó controlarlo para prolongarlo pero le fue imposible. Con rapidez, Richard abandonó definitivamente el cuerpo de Alicia. Todo lo que había estado aguantando todos esos años abandonó su cuerpo produciendo en él una sensación nueva que erizó su piel. Ahora ambos chicos permanecían inmóviles. Pasaron varias horas. Ya recuperados se sentaron en el sofá hasta que se quedaron dormidos.

                                                       ********************

Abordaron la pequeña casita, forzaron la cerradura y entraron en el interior sigilosamente. No había nadie.

-¡Mierda! Mi instinto me ha fallado, que extraño…siempre que tenía algún problema acudía aquí.- Ramírez maldijo a su sobrina, esa pequeña zorra estaba venciendo su batalla y no podía permitírselo.

-No te preocupes jefe, no se saldrá con la suya siempre y cuando mantengas tu promesa.

-Claro, mantendré a Eva fuera de mi juego.

 

 

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sáb

22

mar

2014

Un nuevo problema

Capítulo 25

Las horas le pesaban. Había perdido la cuenta de las noches que llevaba sin dormir. Se giró. A su lado encontró a John, tumbado en la cama, tan guapo como siempre. Suspiró. ¿Por qué había tenido esa necesidad de besar a Dani? La duda le atormentaba. Quizá no quería tanto a John como ella pensaba… Salió de la cama y se dirigió al cuarto de baño cuándo se dio cuenta de que no estaba sola en el salón, otra persona descansaba en el sofá del enorme salón. Era Mario. Vicky pudo distinguir en sus ojos una mezcla de furia y, aunque intentara ocultarlo, de lágrimas.

-¿Estás bien?- Vicky se había mantenido al tanto de la situación entre Eva y el joven.

-Sí, claro. Todo lo bien que se puede estar cuando la persona que supuestamente te ama se da cuenta de que no eres el único hombre que hay en su vida. –Mario dibujó una sonrisa irónica en su cara y desvió la mirada para evitar que la preciosa joven lo viera en aquella situación.

Vicky se sentó a su lado y sin pensarlo dos veces lo abrazó. Mario se estremeció con el contacto de la chica. Éste le acarició el pelo y comenzó a besar su cuello.

-¿Qué haces?- Vicky lo apartó bruscamente y se arrinconó en uno de los extremos del sofá.

-¡Joder, no lo sé Vicky, no lo sé!- Mario empezó a soltar puñetazos a diestro y siniestro hasta que su mirada topó con la de Eva.

La joven observaba detenidamente la escena desde el umbral de la puerta de su habitación. Buscó con rapidez la mirada de Vicky y tras dirigirle a Mario una mueca de disculpa habló.

-Vicky tenemos un problema… Es Lorena, ha pasado, otra vez ha pasado, tenemos que llevarla al hospital.

Vicky corrió al cuarto de su amiga acompañada de la hermana de ésta cogió las llaves del coche de John y despidiéndose de Mario cerró la puerta. Vicky condujo lo más rápido que pudo mientras Eva estaba en la parte trasera del Jaguar abrazando con fuerza a Lorena.

Despertó. Vio que estaba en una habitación prácticamente incolora en ese mismo instante entraron Vicky y Eva. Lorena frunció el ceño y tras recolocarse en la estrecha camilla preguntó:

-¿Qué ha pasado? ¿Qué hago aquí? ¿Qué hace ésta aquí?- Lorena necesitaba las respuestas de todas las preguntas bueno, la última ya la conocía.

-Te ha pasado otra vez, has tenido esos espasmos y poco después te quedaste inconsciente- Aún viendo la reacción que su hermana había tenido al verla, fue Eva la que se decidió a hablar.

-¿Eso que tiene que ver para que esté aquí? Ya me ha pasado otras veces y los médicos no me han dicho nada de lo que tengo. Es una gilipollez todo esto.- Lorena fue a incorporarse cuando de pronto un fuerte mareo la azotó con una fuerza impecable. Estuvo a punto de caerse de la camilla pero, por suerte, Eva se dio cuenta a tiempo y la cazó al vuelo.

El doctor entró deslizando la cortinilla que separaba las dos camas que había en la habitación.

-¿Hay algún familiar de la chica?- Su voz era ronca aunque en su tesitura se podía escuchar una pizca de dulzura. 

Las tres chicas dejaron su conversación para otro momento y se giraron para ver al poseedor de esa voz más propia de un locutor de radio. Enmudecieron. Las tres se miraron cómplices y comenzaron a reír a carcajada limpia. Todas coincidían en lo mismo y lo sabían con sólo mirarse. El doctor vestía una bata blanca que le daba un aire bastante interesante. Su cara estaba adornada con una barba entre color castaño y pelirrojo y por unas gafas de pasta que le daban ese toque intelectual que sin ellas no aparentaría. Tenía el pelo corto pero largo a la vez. Sus ojos eran inmensos bueno, inmensos… eran normales pero todas y cada y una de las chicas se habían quedado prendadas de esos ojos color miel.

-Soy su hermana- Eva recordó la pregunta que el chico de unos 30 años había formulado nada más entrar.

-Perfecto, pues acompáñame- El doctor cogió de la cintura a Eva y ésta se sintió morir.- Sígueme.

Se sentaron juntos en la cafetería y el doctor se ofreció a invitarle a un café. Eva no podía hacerle un feo así que aceptó pese a que odiaba el café.

-Voy a serte sincero, tu hermana ha sufrido un ataque epiléptico. Pero por mucho que he revisado el electroencefalograma no consigo descubrir que es lo que lo ha causado. ¿Alguna vez ha sufrido un ataque con síntomas similares?

-Lo cierto es que si… Si no recuerdo mal, estábamos en el primer curso de la enseñanza obligatoria… Pero fuimos al médico, nos recorrimos Madrid en busca de alguien que pudiera decirnos que le pasaba, pero nadie nos dijo nada de lo que podía tener. Todos dieron por hecho que lo que había sufrido era un ataque de ansiedad.

-¿Qué pasó señorita? ¿Qué ocurrió justo antes de que empezara a tener esos espasmos?

-Pues no lo sé, no me acuerdo ya…

-Y, ¿esta vez?

-Lo cierto es que estamos, bueno, está molesta conmigo.

-¿Crees que el motivo de esa pelea entre vosotras pudo ser lo suficientemente trascendental para que Lorena sufriera esos ataques?

-¡No lo sé!- Eva se echó a llorar. Alguien la abrazó por detrás.

Eva se giró y decididamente se lanzó a por su padre. Había pasado tanto en tan sólo unos meses que aún no había asumido la gravedad del asunto. Sus padres no estaban al tanto de lo que ocurría ni de que el motivo por el que no volvían a casa era no ponerlos en peligro.

-Buenos días doctor soy José Manuel Ramos, el padre de Lorena Ramos.

-Encantado señor, soy David, el médico asignado para atender a su hija.

Ahora eran los dos hombres los que mantuvieron la misma conversación que la chica había considerado inútil cuando las preguntas las dirigía hacia ella.

-La primera vez que mi hija tuvo un ataque similar discutió con una de sus amigas.

-¡Vicky!- Eva comenzó a recordar lo que pasó ese día.

-Exacto, Lorena llegó a casa del instituto, se encerró en su cuarto y hasta la noche no la volvimos a ver. Fue Eva la que nos contó que pasó. Al parecer Lorena estaba colada por un chico de su clase, pero Vicky llegó ese mismo día diciéndole a mis dos hijas que tenía una cita con el chico en cuestión.

-En ese momento tanto mi padre como yo no le dimos mayor importancia, pero cuando entré para ponerme el pijama, Lorena estaba pálida, tenía los ojos en blanco y se movía de modo extraño Llamé a mis padres de inmediato, la llevamos al varios médicos de la ciudad pero no sacamos nada en claro.

-Entiendo… Bueno, pues creo que esto es todo por el momento. Les mantendré informados de los avances que tengamos. Me gustaría que Lorena pasara unos cuantos días en observación.

-Pero doctor, yo tengo que trabajar mi mujer también y mi hija Eva tiene que ir a la universidad, ¿quien se quedará con ella?

-No se preocupe por eso, tengo el turno de mañana, le aseguro que su hija estará bien atendida y luego ustedes podrán venir por la tarde.

Volvieron todos a la habitación de Lorena y David le contó todo lo que les había contado a ambos familiares. Vicky escuchó atenta. 

Fueron yéndose poco a poco, la última en irse fue Eva.

-Mañana vendré después de la universidad, así no comerás sola.

-Por mí como si no te vuelvo a ver.

Las palabras de Lorena hicieron que a Eva se lo encogiera el corazón pero aún así no flaqueó.

Se quedó sola. Sabía que no había estado bien la contestación que le había dado a su hermana pero necesitaba descargar toda la rabia que tenía acumulada hacia ella, si no nada volvería a ser como antes. 

Unos minutos después la puerta de la pequeña habitación compartida se abrió. El joven llevaba un ramo de flores en la mano y tras acercarse un poco más a ella la besó.

Tal vez sea mejor que Ángel esté con Eva, ahora sus sentimientos apuntaban en otra dirección. Martín era su próximo objetivo.

 
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vie

03

ene

2014

Las apariencias engañan

Capítulo 24

-¡Maldito cabrón!- John abrazó con fuerza a Vicky.

Mientras tanto Dani observaba la escena desde un rincón del despacho, apartado de todas las personas que se encontraban alrededor de la mesa de escritorio.

-¡Tú! ¡Ven aquí joder!- gritó Max con fuerza. La rabia se podía ver en sus ojos… Llamaradas de impotencia los encendían.

Dani avanzó tragando saliva y un fuerte empujón lo hizo caer sobre una silla:

-¿Dónde está tu jefe?- John propinó al joven un puñetazo que acabó por romperle la nariz.

-¡Apártate!- Vicky enfureció al ver la reacción que había tenido John y se puso entre ambos adversarios.

-Vicky, no te metas…Esto es algo personal- John agarró con fuerza a la chica por el brazo y la apartó sin ningún reparo.

-¿Por qué no te dedicas a hacer tu trabajo y dejas de intentar hacerte el machote?- Vicky cogió con cuidado a Dani y juntos salieron del despacho. Llegaron al baño. La chica utilizó las técnicas de cura que su madre le había enseñado cuando era pequeña. Con cuidado, desinfectó la herida que John había causado sobre la nariz de Dani y la vendó como pudo con trozos de papel higiénico.

-Siento todo esto…Lo único que quiere es protegerme- La joven se sentó en el suelo y empezó a jugar con su pelo.

-Lo sé- afirmó rotundo Dani- Vicky, me estoy jugando la vida por ti… Me tengo que ir. No sé donde esta Ramírez, y en estos momentos no quiero saberlo.

Vicky asintió tristemente con la cabeza, ¿qué le pasaba? Tenía la sensación de que si Dani partía, no conseguiría salir de esta historia con vida.

Ruidos. La puerta se cerró y oyeron como el culpable cerraba con llave el lavabo.

-¡Tenemos problemas!- Dani se apresuró a levantar a Vicky- Escúchame bien, entra en el baño.

La chica obedeció a su ahora compañero. Se subió encima del inodoro para poder subirse encima del chico. Éste la elevó hasta que la joven pudo alcanzar la rendija del conducto de ventilación. Se metió, la cerró de nuevo y contempló silenciosamente la escena.

Justo debajo, Dani, se bajó los pantalones y se sentó sobre el váter. Vicky intentó apartar la vista pero le fue imposible. Sus ojos observaron con el más mínimo detalle aquella escena. La tranquilidad expiró. La puerta del lavabo donde se encontraba Dani fue derribada en apenas segundos.

-Hombre amigo… que sorpresa verte por aquí- Oskar lo miró y revisó concienzudamente el lugar- ¿Dónde está esa puta de barrio? Me quedé con ganas el otro día antes de que me pegaras el tiro tenía algo que hacer, ¿recuerdas?

-Esa puta de barrio como tú la llamas es más astuta que tú…- El vendaje improvisado que llevaba en la nariz cayó al suelo.

-Vaya, la nenita se ha hecho pupa –Oskar sacó de su bolsillo una navaja.

Al mismo tiempo, Vicky luchaba por no cagarla. La joven estaba perdida en la conversación cuando algo rozó sus piernas. Asustada pegó un grito que reprimió en una milésima de segundo.

-¡Está aquí! ¡Dime dónde coño has escondido a esa zorra!- Oskar apoyó la navaja que tenía en la mano en el cuello de Dani que, indefenso, retrocedió lo máximo que pudo hasta que topó con la pared.

Ya no esperó más. Poco a poco fue deslizando la afilada navaja por el cuello de Dani. Éste intentó gritar, pero ya fue demasiado tarde, perdió la conciencia, y en apenas unos segundos más cayó tendido en el suelo.

-Encontraré a esa furcia barata… - Oskar dio una serie de toques en la puerta y ésta se abrió.

Vicky lloraba en silencio. Esperó algo de tiempo. Cuando perdió el miedo abrió la rendija por la que media hora antes había entrado y bajó. Se apoyó sobre el pecho ensangrentado de Dani y ahora si, lloró. Su llanto alarmó a una de las trabajadoras de la oficina. John y todos los demás aparecieron en menos que canta un gallo.

-¿Qué ha pasado Vicky?- John se arrodilló junto a la joven y la sostuvo. Estaba pringada de sangre y temblaba.

-Todo ha sido mi culpa, todo ha sido mi culpa…- Vicky recordó lo que era el dolor. Otra vez se sentía culpable… La chica mojó sus dedos en la sangre de Dani y suavemente dibujó un corazón sobre su pecho.

-¿Qué haces?- John no sabía lo que pasaba y empezó a preocuparse.

-Algo que debería haber hecho antes…- Vicky se sentó sobre sus rodillas y levemente acarició los ensangrentados labios del joven con sus dedos.

En ese momento los trabajadores del SAMU entraron en el estrecho baño y desalojaron la zona. Todo lo vivido, todo lo sentido, toda esta historia había dado un vuelco. Ya no sabían en quien confiar. El bien estaba próximo al mal…

 

 

 

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jue

02

ene

2014

Otro en tu lugar

Capítulo 23

Silencio. Ambos hombres avanzaban con cuidado en medio de la noche guiados por la simple luz de las farolas.

-Es aquí – Oskar sacó un estuche de el bolsillo externo de su pantalón.

Lo tenía todo controlado. A lo largo de estos días, se había encargado de recopilar todas las llaves de todos los posibles accesos a la vivienda.

Dani tragó saliva. ¿Por qué estaba tan nervioso? Desenfundó la pistola que tenia en su costado derecho y dio la señal.

-Vamos…- Oskar tomó la iniciativa y recorrió la parcela de tierra que rodeaba el bloque de apartamentos hasta que encontró la puerta trasera.

-¿Qué tengo que hacer?-Dani ocultó sin mayor éxito su miedo.

Oskar con una sonrisa pícara miró al chico y vaciló:

-Pues no sé, podemos jugar a las cocinitas y ver la nueva película de Barbie ¿Qué te parece?

Dani, molesto, apartó con un brusco empujón a Oskar y comenzó a subir las escaleras sigilosamente. Llegaron al rellano. Oskar cogió la llave y la introdujo con cuidado en la cerradura. Bingo.

-Dani tu coge a Sandra, yo cogeré a Vicky- abrió la puerta y avanzó apresuradamente hacia la habitación dónde se encontraba la chica.

No pudo evitarlo. La chica despertó y Oskar se vio obligado a improvisar. Tapó la boca de la joven, sin mayor dificultad, con su mano, la levantó a pulso pero se resistía demasiado así que recurrió al plan B. Tumbó a Vicky sobre la cama, se sentó sobre ella y mientras aún ejercía presión sobre la boca de la chica con la mano derecha, utilizó la mano izquierda para sacar de su bolsillo un frasquito. Divertido, se lo mostró a Vicky, y no pudo evitar una sonrisa al contemplar el miedo en el rostro de la joven.

Por fin venció la batalla. La cogió en brazos y se dispuso a salir por la puerta de la habitación.

Fuera ya estaba Alan, que portaba a Sandra en sus brazos. Al contrario que Oskar, el tuvo más suerte. Sandra no se despertó y lo único que tuvo que hacer fue pasar el pequeño frasquito de cloroformo que se habían introducido ambos en el bolsillo bajo la nariz de la chica.

Bajaron precpitados. Antes de nada ataron a las chicas. Oskar optó por encerrarlas en el maletero del amplio Renault Scenic, pero inmediatamente Dani se opuso y por consecuencia, las introdujeron en la parte trasera del coche.

                                *****

Abrió los ojos. ¿Dónde estaba? Intentó moverse pero unas cadenas se lo impidieron. El dolor de cabeza era insoportable, así que cerró los ojos por un instante hasta que pudo divisar con más claridad lo que había a su alrededor.

Estaba sentada en el suelo. Una habitación de ladrillo rojo le servía de cárcel. En lo alto de las paredes podía observar unos focos que desprendían una tenue luz. Cambio la dirección de su mirada hasta que en la otra parte de la habitación vio a Sandra.

Vicky intentó llegar hasta ella, pero la cadena que la sujetaba era demasiado corta.

La puerta se abrió.

- ¡Vaya! Ya hay una que ha despertado- Oskar rio con descaro y se acercó a la chica aún despierta- ¿Sabes una cosa Vicky? Tengo ganas de divertirme y tú no estás nada mal.

Oskar se desabrochó el botón del pantalón, cogió a Vicky de un puñado y la tumbó en el suelo. El brillo de los ojos de la joven avisaba de que las lágrimas estaban a punto de brotar por sus ojos. Oskar rompió bruscamente la tela del pantalón del pijama y siguió el mismo proceso con las braguitas que llevaba Vicky. Posó sus musculados brazos sobre los hombros de la chica, agachó la cabeza y le susurró al oído.

-Ahora vas a saber lo que es un hombre de verdad…- Estaba ya en posición para finalizar la tarea que llevaba entre manos cuando la puerta de la pequeña habitación se abrió.

-¿Qué coño estás haciendo?- Dani miró con rabia al joven que amenazaba con forzar a la indefensa chica.

-Divertirme un poco, ¿acaso tú no quieres?- Oskar volvió a reír.

Dani desenfundó su pistola y disparó contra su compañero. Éste resultó herido en la rodilla.

-¿Eres gilipollas o que te pasa?- Oskar iba desarmado así que no pudo hacer gran cosa.

Dani sacó la llave de las cadenas y desató a Vicky. Luego desató a Sandra, que aún seguía dormida.

Cogió a Sandra y tendió la mano a Vicky. Ésta con recelo obedeció y lo siguió hasta salir al aire libre.

Dani cogió el coche y se dirigió a su casa. Sandra ya había despertado aunque aún continuaba fuera de sí. Vicky la ayudó a entrar en la casa, donde durmió durante un largo periodo de tiempo.

-Toma, ponte esto.-Dani le ofreció a Vicky unos pantalones de deporte oscuros. Intentó no mirarla, pero es que era preciosa.

-Gracias… -Vicky, sonrojada, se puso la prenda. Al levantarse del sofá, dejó ver su delgado cuerpo.

Dani empezó a sudar. Se dirigió a la cocina con la mala suerte o con la fortuna de que Vicky lo siguió.

-¿Por qué me has ayudado?- Vicky bajó la mirada, no podía mirarlo a los ojos.

- ¿De verdad quieres saberlo?- Dani no estaba seguro de cómo sería su reacción.

La chica asintió con la cabeza y en ese mismo momento que se juntaron ambas  miradas, Dani rozó suavemente los labios de la joven.

Ésta se apartó bruscamente del chico.

-No tengo nada contra ti, pero es que ya hay alguien en el lugar que quieres ocupar.

Tras estas palabras Vicky agarró con fuerza a Sandra y salieron juntas de la casa:

-Gracias, y adiós…

 

 

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sáb

19

oct

2013

Muchas explicaciones

 Capítulo 22

John y Max iban ya de camino a casa. Eran aproximadamente  las cuatro y media de la mañana. Aparcaron el Jaguar y escucharon tranquilamente los sonidos de la noche durante varios minutos. Entraron cuidadosamente a la casa, sigilosos para no despertar a los chicos.

-Pero chicas, ¿qué hacéis aquí a estas horas?

Vicky tenía a Lorena acurrucada en su pecho. La joven ya estaba adormilada así que cautelosamente Vicky depositó su cabeza sobre el sofá y se levantó para darle la bienvenida a su chico.

-Tenemos que hablar John… - Vicky cogió a su novio del brazo y dándole un beso a Max  dijo – Cuídala ahora en un rato vuelvo para quedarme con ella.

Max asintió con la cabeza y se sentó en el sofá muy próximo a donde la joven se encontraba. No pudo evitarlo, un lágrima de recuerdos, de resentimiento y de impotencia se derramó y desfiló por sus mejillas hasta aterrizar sobre la cara de la chica. Ésta despertó.

-¡Tú no tienes derecho a llorar! – dijo Lorena enfurecida poniéndose de pie delante de Max.

Tranquilo, Max reprimió el llanto y le contestó.

-¿Y tú sí?- Max se puso de pie para poder estar a su altura, bueno a decir verdad él era mucho más alto que ella. Lorena apenas medía el metro sesenta mientras que Max medía aproximadamente unos 195 centímetros de puro músculo.

Lorena miró fijamente al joven y de pronto se echó a llorar. El joven, sorprendido ante la respuesta de la chica, no consiguió formular palabra, así que simplemente la abrazó.

La joven tomó asiento de nuevo y como pudo narró lo que le había pasado a lo largo del día.

Max quería apoyarla, pero le dolía muchísimo que se hubiera fijado en Ángel y mucho más que en tan solo unos días hubiera labrado esa relación hasta el punto de desear su misma muerte.

-Lorena, ¿qué sientes?- Max se acercó a la chica que  había tomado posición sobre sus piernas y la acarició suavemente.

-Ese es el problema Max no lo sé… -Susurró Lorena cabizbaja.

-Fíjate bien en lo que sientes, porque eso mismo he sentido yo durante estos meses…

Max se levantó del sofá dejando suavemente a la joven reposando sobre el mismo y avanzó sigilosamente hacia su dormitorio.

Lorena, sin comprender muy bien el comportamiento de su amigo, lo siguió a cierta distancia y cuando el chico intentó cerrar la puerta de su cuarto, Lorena se lo impidió.

Ambos entraron en el dormitorio. Lorena observó como Max se quitó la camiseta y tras doblarla y dejarla sobre la pequeña mesita de noche se tumbó en la cama. Cubrió su cuerpo con las sábanas.

-Buenas noches Lorena, espero que mañana consigas lo que yo aún no he conseguido contigo.

Lorena se quedó fascinada y recapacitó las palabras que Max acababa de pronunciar.

¿Con ella? Se había perdido hace ya un rato y con la intriga en el cuerpo encendió la luz del dormitorio.

-¡Max! Despierta por favor… - Lorena se arrodilló  ante el lado de la cama donde Max se había girado.

- ¿Qué quieres? Ya has hecho bastante por hoy Lorena…

-¿Qué te he hecho? Pero si desde hace un tiempo casi no tenemos contacto.

- Ahí tienes la clave, ahora por favor, si no te importa sal de mi dormitorio, he tenido un día largo y lo último que quiero es aguantar a una niñata como tú.

Lorena molesta salió de la habitación y se encontró de nuevo con John y Vicky.

-Será gilipollas…- Lorena se sentó junto a los dos jóvenes en el sofá.

-¿Qué ha pasado ahora Lorena?- Vicky ya no sabía que más le podía pasar a su amiga ese día.

Lorena contó la historia a sus dos amigos. ¿Era cosa suya o estaba teniendo que dar muchas explicaciones?

John agachó la cabeza y la sacudió hacia ambos lados un número repetido de veces

-Lorena, ¿no lo entiendes? Max te quiere…

 

La sorpresa de Lorena fue aumentando por momentos. Mentalmente empezó a entrelazar lo acontecido hace apenas unos minutos. ¡Había sido una idiota! 

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dom

19

may

2013

Cosas del destino

Capítulo 21

Cuatro personas se encontraban reunidas. Las abandonadas calles facilitaba la conversación que tenían.

-¿No decías que lo tenías todo controlado?- La chica se cruzó de piernas y miró fijamente a los ojos de su jefe.

-Alejandro está pisando campo enemigo… tenemos que callarle como sea, y ese va a ser tu trabajo Alicia.

La chica le miró molesta. Ya tenía suficiente con descargar los archivos del ordenador de Alan y no estaba dispuesta a implicarse más en el asunto.

-Pero jefe, yo ya tengo trabajo- Alicia protestó con una voz firme pero a la vez infantil.

-Mira niñita- Ramírez se puso de pie y se situó al lado de la silla donde Alicia estaba  sentada- ya te dije que esto no era un juego de niños, no me vengas ahora con gilipolleces porque a la primera estupidez que cometas estás muerta, ¿queda claro?

Alicia tragó saliva y afirmó con la cabeza. Mientras tanto, Dani y Oskar observaban la escena.

-Ya puedes empezar, y que no te vea nadie, quiero ver a Alejandro Santos muerto a primera hora y no dejes pruebas.

Alicia se levantó murmurando en voz baja. Poco después había abandonado ya el almacén.

Sacó las llaves del coche y emprendió su camino. Necesitaba encontrar a Alejandro, y cuanto antes mejor. Su teléfono móvil empezó a sonar.

-¡Vaya, que sorpresa!- Soltó Alicia nada más contestar la llamada- claro, estaré ahí a en punto.

La chica con una sonrisa en la cara, había descuidado por completo la carretera, y ya fue tarde cuando vio aproximarse un coche a toda velocidad.

La joven intentó esquivarlo pero, el volantazo que dio, hizo que perdiera por completo el equilibrio del automóvil.

Alicia despertó en mitad de la noche, le dolía partes de su cuerpo que ni siquiera conocía. El airbag estaba activado, pero solo tenía una pequeña brecha en la parte frontal de la cabeza.

Salió del coche por la ventanilla con grandes dificultades. Cojeando, salió de la cuneta donde el coche se había estrellado contra un árbol, y comenzó a buscar la carretera de la que había salido disparada.

No fue difícil. En apenas cinco minutos vislumbró la carretera oscura y solitaria. Se sentó en el quitamiedos hasta que por fin, a lo lejos, observó las luces de un coche.

Como pudo, se levantó, y caminó para ponerse en medio de la carretera obligando al coche a parar.

El conductor era un chico joven, de 182 centímetros de altura, no era nada del otro mundo.

Su torso estaba poco definido, su espalda era ligeramente ancha y sus ojos… que decir de unos ojos que con solo mirarlos te lo decían todo, de un color miel intenso que hipnotizaban…

-¿Te puedo ayudar? – La voz del chico sonó muy dulce, tanto que a Alicia le transmitió confianza.

La chica simplemente asintió y con mucho cuidado  se introdujo en el coche. No le salían las palabras, pero había una duda, ¿era por el accidente, o por la presencia del joven?

Tenía que ser lo primero, Alicia nunca había consentido que un hombre le dominara, ¿por qué iba a ser distinto ahora?

-Soy Alejandro- Aunque pareciera increíble, el joven estaba realmente preocupado por el estado de la joven, desde que había subido al coche, no había formulado palabra.

La chica bajó la mirada y tímidamente, casi en un susurró contestó:

-Yo… soy Alicia…

-Bonito nombre, te voy a llevar a un hospital para que te vean las heridas, no tienen muy buena pinta.

Alicia, al escuchar eso, volvió en sí y gritó con todas sus fuerzas, que no eran demasiadas.

-¡No!

EL chico se asustó ante la respuesta y comprendió que algo estaba pasando.

-Está bien, te llevaré a mi casa.

Diez minutos después,  llegaron a un bloque de edificios. El joven salió primero y ayudó a Alicia a salir del coche.

-Hay un problema, es un tercero si ascensor así que…- el joven se calló y cogió a Alicia en brazos.

La chica se sorprendió, algo asustada, se agarró al cuello de Alejandro. Fue entonces cuando lo que había sentido en el coche se acentuó, su corazón se disparó y embobada apoyó su cabeza en el hombro de éste.

La sentó con cuidado sobre el sofá y la vio adormilada. Había perdido bastante sangre.

Alejandro fue a por vendas y agua oxigenada para desinfectar las heridas.

Alicia se despertó cuando le echó el agua oxigenada en la herida de la frente, el  escozor era insoportable.

-Shhh – Alejandro intentó tranquilizarla y le dio la mano para que la sostuviera durante la cura.

La chica apretó con fuerza la mano hasta que por fin terminó. Aprovechó que Alejandro se fue a dejar las cosas de nuevo en el botiquín para fijarse en el arreglado apartamento.

Se levantó y observó cuidadosamente un piano que se encontraba en el salón.

Al otro lado de la  estancia, observó otra especie de piano, fue a acercarse cuando sus ojos se depositaron en un diploma…

Alicia precipitadamente se fue de la casa cogió las llaves del coche de Alejandro y se fue por donde había venido. Alejandro pegó un fuerte golpe en la pared y el marco donde se encontraba el diploma se cayó rompiéndose en mil pedazos, en el se podía leer:

Alejandro Santos, diploma del curso superior de clave.

 

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dom

24

mar

2013

Una triste discusión

Capítulo 20

Otro nuevo día empezaba. Las tres jóvenes y los dos chicos salieron hacia la Universidad. John y Max no habían aparecido en toda la noche, desde que recibieron la llamada de Alan no saben nada de ninguno de los dos. Esta vez hicieron el recorrido más rápido, a Lorena le había costado bastante desprenderse de sus sábanas aquella mañana. Nada más llegar, Lorena y Vicky, se fueron precipitadas cada una a su respectiva clase. Mario se despidió de su chica alegando que tenía que buscar a su hermano… ¿y Ángel?

-No te voy a dejar sola Eva…- Dijo el chico mirando el suelo.

-¡Pero Ángel, tienes clase!- Eva empujó a su amigo y lo acompañó al aulario en el que tenía clase dentro vio que estaba su hermana y haciéndole un gesto con la mano indicó a Ángel que pasara dentro.

Por fin sola, Eva recorrió el campus buscando un lugar tranquilo donde poder  olvidarse de todo lo que pasó el día anterior. En una zona apartada, encontró una parcela de césped. Es perfecto- pensó Eva a la vez que extendía un manto y se recostaba en él. Sacó de su mochila el libro que estaba leyendo. Ya se había cansado de la literatura juvenil, ya estaba harta de leer historias de adolescentes que siempre tienen final feliz. Ahora buscaba el realismo en las obras que leía. Optó por Ken Follet. Más concretamente por la continuación de los pilares de la tierra, un mundo sin fin. Los apasionantes relatos de la Edad Media  hacían que la joven se sintiera una de las doncellas de esa época, y hoy por hoy, era lo único que conseguía apartar todos los pensamientos que rondaban su cabeza. Se tumbó y comenzó a leer.

-Primera parte-Leyó en voz alta- uno de Noviembre de 1327-Iba a comenzar el capítulo uno  cuando de repente alguien se acercó por detrás y le tapó los ojos con las manos.

El corazón de la joven se aceleró de una forma descomunal al descubrir de quien se trataba, se dejó caer sobre el césped hasta que Martín decidió destapar la vista de la chica. Se aproximó lo máximo que pudo al rostro de la chica, lo suficiente como para notar la respiración excitada de ella. Deslizó la mirada  por encima del cuerpo de la joven, que permanecía inmóvil. Volvió a subir de nuevo hasta que entrecruzó su mirada con la de Eva se aproximó para besarla cuando una intensa y masculina voz lo detuvo.

-¿Qué coño haces con mi novia?-Ángel se agachó para comprobar que Eva volvía en sí.

-¿Tu novia? - La risa del egocéntrico chico resonó en todo el campus.

- ¿Qué pasa? ¿No te lo crees?- Ángel elevó cuidadosamente la cabeza de Eva, se disculpó ante su amiga con la mirada y ambos se envolvieron en un tímido y sensual beso. Martín que observaba la escena recogió todas sus cosas y se marchó. No quería ver esa escena.

A pesar de que Martín ya se había ido, los dos jóvenes seguían inmersos en ese beso que sería difícil de olvidar para los dos. Lo que no esperaban era lo que iba a pasar. Lorena y Vicky salieron antes de clase, y paseando por el campus se toparon con la escena de dos tortolitos, tumbados en el césped. Pasaron lo suficiente cerca de ellos para darse cuenta de quienes eran.

Lorena enfureció de rabia al ver que la persona con la que estaba Ángel era su hermana. Decidida se acercó y tirando la mochila cerca de ellos para que notaran su presencia comenzó a gritar.

-¡Serás zorra!- Dijo Lorena con lágrimas en los ojos.

Vicky contemplaba con tristeza como su amiga discutía con Eva sin dejarle contar su parte de la historia.

-Lorena por favor, no es lo que piensas…- Eva se sentía avergonzada de lo que había hecho pero lo cierto era que había sido en defensa propia por decirlo de alguna manera, pero quizá haya sido el remedio peor que la enfermedad, ahora corría el riesgo de que Vicky o Lorena se lo contaran a Mario  y esta vez sí que estaba perdida.

Lorena salió corriendo pero esta vez fue Ángel quien fue en su busca. Vicky y Eva se quedaron sentadas.

-Eva, sé que no es culpa tuya, es más, tú no sabías nada pero le has hecho daño, Lorena estaba empezando a sentir cosas por Ángel- Vicky rodeó con el brazo a su amiga para que no se sintiera desplazada.

-Ahora tengo un problema Vicky…-Dijo Eva con la voz entrecortada-creo que yo también estoy empezando a sentir cosas por él.

No sabía si estaba segura de ello, pero se sentía mejor con ella misma.

 

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dom

24

mar

2013

Volver a sonreír

Capítulo 19

El ruido de los tacones resonaba en  toda la habitación hasta que por fin la puerta se abrió y el joven se sentó en frente de la preciosa chica.

-Empezamos bien el día mocoso- Dijo la chica fulminando con la mirada al rubio de ojos azules que ahora la observaba divertido.

Alan había mejorado bastante desde la última vez, ya no era el chico tímido que era hace unos meses, y ya no se dejaba manipular tanto por Diana, aun que era evidente que la chica era quien llevaba las riendas de la investigación.

-Mira, ha llegado esta mañana- Alan manipuló el paquete con cautela y observó detenidamente el nombre.

Alejandro Santos… ¡no podía ser!  Alan se levantó y ágilmente sacó su Smartphone del bolsillo.

-Jefe, creo que he encontrado algo, debería venir lo antes posible.

Diana miró extrañada a su compañero, no comprendía lo que había visto su compañero para que se pusiera así pero pronto lo entendió todo.

-¿Qué?-Diana se acercó a donde estaba su compañero, apartó los papeles y el paquete que John había recibido y se sentó encima de la mesa a escuchar las sospechas de su ahora compañero de investigación.

-Verás Di- Alan se había acostumbrado a llamar a su compañera de ese modo, le resultaba mucho más rápido y cómodo, y además le agradaba pensar que entre él y Diana podría existir algún día una relación más allá de lo  laboral- El día que John nos comunicó que teníamos que hacer, me quedé hasta tarde en la oficina. Aprovechando que no había casi nadie en la oficina me puse a revisar un a uno los casos en los que Ramírez había estado implicado directa o indirectamente y hubo algo que me llamó mucho la atención. En cada uno de esos archivos, aparecía el mismo nombre.

-¡Alejandro Santos!- Diana sonrió y abrazó al chico.

Por primera vez en muchos años la chica volvía a sonreír, por primera vez en mucho tiempo volvía a confiar en un hombre. Por primera vez en estos meses, Diana se dio cuenta de lo que le gustaba sentir la compañía de Alan.

Alan se sorprendió ante la reacción de su compañera pero la apretó con fuerza sonriendo hacia sus adentros. Que chica más rara- pensó el joven, pero este pensamiento solo confirmó lo que llevaba meses sospechando, estaba colado por ella.

John entró de repente en la oficina, pillando de imprevisto a ambos jóvenes que aún entre risas, degustaban la comida china que habían pedido apenas media hora antes.

-¡Jefe! – Alan se levantó del asiento y tras limpiarse la boca con una servilleta le contó a John todo lo que sabía y los indicios que había encontrado en ese frío día de finales de enero.

-Bueno… ya tenemos algo con lo que seguir, Ramírez nos lleva mucho tiempo de ventaja y estoy empezando a pensar que va a ganar este asalto.

John salió del piso franco y  desde la ventana, ambos jóvenes observaron cómo se subía a un Buggati Veyron y velozmente desaparecía en el angosto tramo de calle.

Diana tomó asiento de nuevo y jugó con los palillos entre las manos mientras observaba como su compañero aún miraba pensativo por la ventana de la habitación. Era Alan, el mismo chico al que hace un par de meses no podía ni ver, el chico de cara infantil que la hecho cambiar su padecer respecto a los hombres y es que después de lo que sufrió, llegó a la conclusión  de que jamás podría perdonar a los hombres. Hasta que apareció él. Hasta que su mirada se topó con la cautivadora sonrisa de ese joven inocente que se atrevió a plantarle cara.

Alan volvió también hacia la mesa y sonriendo a Diana terminó de comer.

-¿Qué habrá en el paquete?- Diana fijo sus ojos en el joven y siguió sus pasos hasta la cocina.

Ambos fregaron los vasos y recogieron la mesa. Alan cerró la nevera, después de guardar la bebida, y Diana se lanzó sobre él. El joven la sujetó con fuerza y la apoyó sobre la encimera. Despacio, desabrochó cada uno de los botones de la ajustada camisa de Diana. La chica hizo lo mismo con la camisa de él y cuando quisieron darse cuenta ambos estaban desnudos, sin ropa que ocultara la atracción que sentían el uno por el otro. Con cuidado Alan la cogió de nuevo y la condujo hasta la pequeña habitación del piso. Con cuidado se puso encima de la chica, en esos momentos parecía más vulnerable que nunca. Lentamente comenzó a mover sus caderas. La joven intentó disimular el placer, pero su rostro lo decía todo. Estiró sus brazos y se agarró con fuerza en la ahora musculada espalda del joven. Estaba a punto de llegar al clímax, cuando un estruendoso ruido hizo que ambos jóvenes apartaran de su mente esa sensación tan satisfactoria que estaban a punto de sentir.

Alan se vistió apresuradamente y salió al también pequeño salón. La puerta estaba abierta de par en par, habían entrado en la casa, y lo más importante, habían robado el paquete. Cada vez las cosas se ponían más difíciles, pero lo peor solo acaba de empezar.

 

 

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jue

21

mar

2013

Una nueva historia

Capítulo 18

El camino prosiguió silencioso. Por fin habían llegado a casa de John. Después de todo lo sucedido, decidieron que abandonarían el apartamento de Sandra y todos, incluida ella, se instalarían en la casa de éste.

Vicky dejó el bolso encima de la mesa y se tiró de bruces en el sofá. Divertida, intentó arrastrar con ella a Lorena, que para no llevar la contraria a su gran amiga, se sentó con ella.

-Ángel, ¿de qué conoces a John?-Preguntó Vicky que aún no comprendía del todo la historia que su maravilloso chico le había contado.

-Pues la verdad Vicky, es que nos conocimos por casualidad, trabajamos en un caso juntos hace unos cuantos años y desde entonces, no hemos perdido el contacto.

Lorena observaba con gran detalle la figura del apuesto joven. Torso corpulento propio de un modelo, espalda ancha, piernas fuertes….Y su apariencia… Ya ni hablar de su voz, una voz dulce agradable como si de un locutor de  radio se tratara. No podía explicar lo que sentía, quizás simplemente le atraía, porque estaba empezando a sospechar que estaba enamorada, y esa idea no le gustaba en absoluto.

-¡Vaya Eva y Mario ya están aquí!-El timbre de la puerta sonó y fue Vicky la que, de un salto, se dirigió hacia la puerta.

Eva y Mario entraron en la casa portando tres bolsas en cada mano. El joven tenía una gran sonrisa dibujada en su rostro, mientras que Eva…Se notaba a tres kilómetros de distancia que le había pasado algo, y debía de ser muy grave.

Eva se acercó a Mario y junto sus labios a los suyos durante un breve instante. Después saludó a sus amigas con una sonrisa forzada y entró en su habitación. Encendió la radio y “When I was your man” invadió la habitación.

¿Por qué había hecho eso?¿Por qué no había afrontado la situación como la persona madura que creía ser? Se sentía mal consigo misma, pero peor  se sentía al ponerse en la piel de Mario, no acababa de creérselo, le había sido infiel… Y aquello por lo que tanto criticaba a su hermana, formaba ahora parte de ella.

-¿Estás bien?- El joven cerró la puerta tras él y se sentó al lado de Eva.

-Si claro que si- Contestó Eva elevando la cabeza y mirando a Ángel a los ojos.

-¿Se puede saber que te ha pasado?-El joven cogió las manos de Eva y las rodeó con las suyas.

La chica intentó resistirse pero ya era demasiado tarde, lágrima a lágrima comenzó a contarle lo ocurrido a ese chico que había conocido tan solo hace un par de horas. Es posible que haya cogido confianza demasiado rápido, pero también es cierto que ha sido el único que se ha preocupado por ella…

-Vaya… ¿Pero por qué?- Ángel no comprendía aún el acto de su nueva amiga, pero aún así, la abrazó porque él sabía mejor que nadie que en esos momentos, era lo mejor que podía hacer.

-No lo sé…No quería pero… -Eva no conseguía acabar las frases, le faltaba el aire y cada vez le resultaba más difícil respirar-

-¡Eva calma! túmbate en la cama y por favor tranquilízate, eso le puede pasar a cualquiera.

Eva obedeció a la primera, se tumbó e inspiró todo el aire que pudo, parecía que la ansiedad descendía a medida que el ritmo de su corazón bajaba. Un beso dulce y cálido llegó hacia la superficie de su frente. Lo necesitaba, se alegraba de haberle conocido.

-¿Estás mejor preciosa?- Ángel pasó su mano por el suave y fino cabello de Eva.

-Sí, muchas gracias, ¿y los demás?-preguntó Eva extrañada de que su hermana y su amiga aún no se hubieran acercado a preguntarle.

-Pues no lo sé la verdad, cuando he ido a traerte el vaso de agua ya no había nadie.

-Bueno, mejor, no tengo ganas de estar con nadie que no seas tú- Eva sonrió por primera vez en toda la mañana, dejó a la luz su embriagadora sonrisa y a Ángel no le pasó desapercibida.

-¿Alguna vez te han dicho que tienes una sonrisa preciosa?- Dijo el joven mirándola fijamente a los ojos.

-Pues…-Eva se quedó pensativa- la verdad es que no- Contestó decidida mostrando su perfecta sonrisa de nuevo.

-Bueno, pues ya te lo digo yo, tu sonrisa me enamora.

¿Qué acababa de pasar?¿Sería verdad lo que acababa de escuchar? No tenía bastante con Mario y con Martín que ahora… Pero lo que no sabía, era que ese  sería el principio del fin de una relación. 

 

 

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dom

17

feb

2013

¿Primer amor o primera vez?

Capítulo 17

Quizás su amiga tiene razón. Tal vez ya haya sido suficiente. Lorena no paraba de darle vueltas. La clase se le hizo eterna y el estudio del actual estado de derecho no le ayudaba. La explicación del profesor se perdía entre los pensamientos de la joven, quizás ya era hora de que diera su brazo a torcer. -Señorita Ramos, ¿sería tan amable de repetirme lo que acabo de decir?- El profesor se acercó a ella y sonrió maliciosamente. Le había pillado. -Emm….Pues…..-Lorena estaba cada vez más nerviosa, las manos le temblaban. Todo estaba perdido, cuando de pronto escuchó un susurro. -Todo está sometido a leyes… Lorena repitió el susurro, esta vez en voz alta. Observó aliviada como el profesor se alejaba y miró a su alrededor. No sabía de dónde provenía la voz, pero le había librado de una buena reprimenda. Por su bien, decidió despejar su mente y centrarse, lo suficiente como para que la hora se le hiciera menos pesada. Por fin la clase acabó. Lorena recogió todas sus cosas y se encaminó hacia la puerta del aulario. Fuera divisó a sus dos amigas junto a los chicos, pero había alguien más con ellos, no le conocía. -¡Hey, estamos aquí!- Vicky elevó los brazos para llamar la atención de su amiga – Bueno, vámonos ya que aún tenemos cosas que hacer, a por cierto Lorena, este es Ángel, un amigo de John. -Encantado Lorena- Dijo el joven guiñándole el ojo a la chica. ¿Qué? No puede ser cierto… Esa voz… ¡Era él! Lorena guardó su entusiasmo y en el trayecto de vuelta a casa no le quitó la vista de encima. -¿Quién va a ir a comprar?-Preguntó John dando por hecho que el no iba a ir. -¡Nosotros iremos!- Mario cogió a su chica de la cintura y sin esperar la respuesta de sus amigos, se fueron hacia el supermercado. El camino se hizo corto, en menos de diez minutos, entre caricias, susurros y besos robados, llegaron a su destino. -¿Y qué se supone que tenemos que comprar?-Preguntó Eva que aún no comprendía por qué Mario se había ofrecido. -Vamos a hacer una cosa, yo voy a por la carne y el pescado y tú te encargas de la verdura y la fruta, ¿sabrás donde está?- Dijo Mario sacando la lengua a su chica, que enfadada le devolvía el gesto. -Ven aquí, tonta – Mario la agarró con fuerza de la cintura ya la besó como nunca antes lo había hecho. Cada uno se fue por un pasillo del supermercado, Eva seguía pensando en el beso que se acababan de dar, ¿era cosa suya o su chico cada vez le quería más? Sonrisa. Los recuerdos de esa tarde no le iban a olvidar nunca. -Perdona, ¿Te importaría apartarte? Eva se giró y la sorpresa fue mayúscula. Martin -Pero qué…? –Eva no lograba terminar ni una frase, era la segunda vez que lo veía en un día, ya costaba creer que fuera solo una simple coincidencia. -Vaya Eva, va a ser verdad que sigues enamorada de mi – Dijo el chico utilizando un tono irónico que consiguió enrojecer el rostro de la joven. -¿Qué haces por aquí? – Dijo Eva intentando disimular el rojo de sus pómulos. -Pues nada, me regalaron hace nada un detector de princesas pero me parece que lo voy a devolver, tú no eres una princesa, eres una reina. Eva sonrió nerviosa. ¿A qué venía todo eso? La conversación se estaba yendo demasiado, tenía que ir a comprar y Mario estaba por el supermercado. -Bueno, tengo que comprar unas cosas, nos veremos. Eva caminó rápido pero no lo suficiente. Martín acabó siguiéndola. -No, tenemos mucho de qué hablar así qué… te acompaño – Dijo el chico con un sonrisa. Eva le sonreía cuando de pronto vio a Mario. Martín y Mario no se podían conocer, ¿cómo le iba a explicar la historia de su primer amor? Abandonó el carro y cogió a Martín del brazo. Lo apoyó en una columna y lo abrazó para cubrirse ella misma la cara. Pasaba Mario justo por detrás, cuando Martín cogió a Eva por la cintura y la besó. Eva no se resistió es más se dejó llevar y simplemente rezó por que Mario no la hubiera visto.

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dom

10

feb

2013

Antiguos sentimientos

Capítulo 16

La Universidad por fin abría las puertas.  Las secuelas de la  joven habían desaparecido  casi por completo. Vicky llevaba más de dos semanas insistiendo, tenía que ir a la universidad como fuera.

Las tres jóvenes andaban tranquilamente, justo detrás, los tres chicos les seguían de cerca. John, no podía dejar de pensar en lo que podría pasar. El sabía mejor que nadie que Ramírez nunca deja el trabajo sin acabar. Los minutos pasaban y la hora de la primera clase no terminaba de llegar. Por fin las chicas consiguieron un poco de intimidad, los jóvenes se despidieron.  Mario  besó a Eva, John abrazó con fuerza a Vicky, en cambio Max…Lorena seguía enfadada, por mucho que lo intenta, no consigue olvidar que su “amigo”, por llamarlo de alguna manera, se atreviera a mirara a Sandra de esa manera. Se marchan.

-Lorena, no puedes seguir así - Vicky se acercó a su amiga y la abrazó por detrás.

-¿Así como? – La incrédula chica, intentó esquivar a su amiga, pero falló en su intento.

-Vicky tiene razón, pobre chico, ¿no crees que ya es suficiente?- Dijo Eva metiéndose en la conversación que mantenía su hermana.

-Vámonos, llegamos tarde – Lorena cogió sus libros y dirigiéndose a la facultad de derecho se despidió de su hermana  y de su amiga.

-Bueno, Eva, luego nos vemos que no puedo llegar tarde a la clase de bilogía, te quiero- Tras estas palabras, Vicky se encaminó hacia el aulario que tenía apuntado en una pequeña agenda electrónica.

Eva se quedó sola. Su clase no comenzaba  todavía. Ahora se dedicó a pensar en que haría en los diez minutos restantes.

Con tranquilidad introdujo los pesados libros en la pequeña bandolera que portaba. Con paso lento pero decidido, optó por acercarse a la cafetería del campus. Los estudiantes, desayunaban, almorzaban o directamente pasaban el rato en aquella zona del campus. Estaba a punto de divisar el edificio de la cafetería cuando alguien se interpuso en su camino. La joven, que recibió el impacto por sorpresa, perdió el equilibrio y aterrizó bruscamente en el suelo. Intentó reponerse, pero la cabeza le daba vueltas. Se había llevado un buen golpe.

-¿Estás bien?- Un joven que le resultaba familiar, se arrodilló para poder observarla mejor.

-Supongo que si… - dijo la joven llevándose las manos a la cabeza, para comprobar que todo seguía como antes.

El joven se incorporó y poco después le tendió la mano para que ella también lo hiciera.

-Vaya Eva, no has cambiado nada – La mirada del joven viajó cautelosa por el cuerpo de Eva.

-¿Qué...? ¿Cómo...? – Eva no conseguía acabar ninguna frase, y permanecía inmóvil ante aquella  situación.

-Parece mentira que no me recuerdes – Dijo el joven que ahora rodeaba su cintura para acompañarla hacia el banco más cercano.

-¡No puede ser! ¿Qué haces aquí? Creía que te habías mudado a otra ciudad… - Eva no salía de su asombro - ¿Cuánto hace que no nos vemos?

-Pues mucho tiempo Eva, veo que  me has echado de menos – Dijo el joven con una sonrisa divertida.

-Vaya Martín, veo que tu tampoco has cambiado nada – Completó Eva sonriendo tímidamente. Era un momento un tanto incómodo, se volvía a rencontrar con Martín, su primer amor. Aquel chico por el que tantas lágrimas había derramado.  Aquel chico que con tan solo 8 años le había hecho sentir lo que, probablemente,  ahora está sintiendo por Mario. Aquel primer amor que, por mucho que lo intentó, nunca ha olvidado.

 

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jue

03

ene

2013

¿Necesitas ayuda?

Capítulo 15

La cabeza le dolía muchísimo. Una luz le hizo parpadear repetidamente hasta que por fin se acostumbró a la claridad. Recuerdos rondaban vagamente por su memoria, intentó moverse pero unas cuerdas ataban sus piernas y sus manos.

Se encontraba en la parte trasera de un coche, oyó como las puertas delanteras se abrían y casi por instinto cerró los ojos.

-La chica sigue inconsciente, deberíamos llevarla al hospital.- El ruso se puso el cinturón y miró preocupado a la joven.

-¡Pero eres tonto!- Ramirez no salía de su asombro- Sabía que no podía confiar en una rata como tú.

El ruso bajó la cabeza avergonzado y continuó el resto del trayecto en silencio.

La joven no perdía detalle de la conversación que sus captores mantenían. Se cercioró de que los hombres estuvieran distraídos para poder abrir los ojos. Vicky divisó en la chaqueta del copiloto un puñal lo suficientemente fuerte como para poder cortar las ligaduras que la inmovilizaban. Era arriesgado, pero tenía que intentarlo.

La joven consiguió alcanzar el puñal sin llamar la atención del hombre que lo portaba. Gracias a eso, consiguió zafarse de las cuerdas que le dificultaban el movimiento. En ese mismo instante, Ramirez, pegó un fuerte volantazo que hizo perder durante unos segundos el control del vehículo.

Vicky supo aprovechar ese instante para abrir la puerta del vehículo y saltar de él.

El ruso gritó al ver que la joven había saltado.

-¡Tenemos que buscarla!-dijo el ruso asombrado al ver la profunda tranquilidad con la que Ramirez seguía conduciendo el vehículo.

-No te preocupes Dani, esa inofensiva chica estará muerta antes del amanecer, su débil cuerpo no aguantará éste frío.

Vichy rodó ladera abajo hasta que se detuvo al impactar con un robusto tronco.

La joven se levantó con dificultad y observó como su camiseta y sus pantalones estaban impregnados de oscura y espesa  sangre. Asustada anduvo durante horas hasta llegar a una carretera. Esperó el tiempo suficiente hasta que al fondo de la angosta carretera divisó un vehículo que conforme se aproximaba a ella, aminoraba su velocidad. Escuchó una voz ronca proveniente del interior del vehículo ¿Necesitas ayuda? Puedo llevarte.

Vicky, con lágrimas en los ojos, pidió al servicial conductor si le podría acercar al hospital más cercano.

En apenas treinta minutos Vicky ya se encontraba en la puerta del Hospital, el joven se ofreció a acompañarla. Vicky negó con la cabeza, asegurando que se encontraba bien y después de agradecerle todo lo que había hecho por ella, entró en el recinto.

Uno de los enfermeros, nada más verla, acudió en su ayuda. Vicky perdió el conocimiento, desplomándose en el frío suelo, lo último que recuerda es la imagen de un número indefinido de personas corriendo de un lado para otro.

Vicky abrió poco a poco los ojos, John se encontraba sentado a su lado.

¿Significaría eso que todo había acabado? Probablemente no.

John se percató de que Vicky había despertado, e involuntariamente se lanzó sobre ella. Sólo se separó de ella cuando notó que la joven se dolía del estómago.

El doctor entró en la habitación con una cara más bien seria.

-Lo siento muchísimo Vicky, pero lo que has sufrido es un aborto.

-¿Un qué?- John parpadeó como si de un sueño se tratase- Pero doctor, para eso tendría que estar embarazada…

-Y lo estaba, de una semana.

John pensó y coincidía, hacia justo una semana desde que Vicky y él se acostaron. Ya era viernes, Vicky llevaba inconsciente desde el domingo por la noche.

-¿Y Eva y Lorena? ¡Tenían que estar el lunes en su casa!

-Vicky, tranquilízate, avisaron a su madre y están en mi casa con Max y con Mario, ahora preocúpate de recuperarte y de que ese error que cometimos, no se vuelva a repetir.

Vicky aún no había asimilado lo del aborto, ni siquiera había asimilado lo del embarazo cuando por fin, se reencontró con sus amigas.

Parecía que la cosa se calmaba, pero ahora venía lo peor.

 

 

 

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jue

03

ene

2013

Demasiado tarde

Capítulo 14

Todo esto era demasiado para él. John aún asimilaba la desastrosa noticia que su hermano le acababa de dar.

-Hermano, ¿estás bien?- Max se acercó a la silla donde se encontraba John y golpeó suavemente su hombro- Tranquilo, la encontraremos.

John se levantó bruscamente  y se aproximó al marco de la prueba. Lanzó un puñetazo con la suficiente fuerza como para abollar la resistente madera.

-¡Le prometí que la protegería!- Gritó enfurecido consigo mismo. El sentimiento de impotencia crecía a medida que pasaba el tiempo. En ese mismo momento, Alan entró por la puerta.

- ¡Jefe, la hemos encontrado!

John se levantó y tras coger la chaqueta del traje, salió por la puerta.

-¿A qué esperáis? Moved el trasero, tenemos cosas que hacer.

Max siguió los pasos de su amigo y juntos  salieron del edificio. Cogieron el Jaguar y conectaron la radio que les comunicaba con la central del edificio 24.

-Alan, busca a Alicia, es la que maneja el trabajo interno, tú ves a por Diana y síguenos.

-¡Entendido jefe!

Max mantuvo  la mirada perdida, sus  ojos  contemplaban cautelosamente  la ciudad que poco a poco se perdía.

Una hora después,  Alan y Diana ya les pisaban los talones, y ya habían abandonado por completo la ciudad.

-Jefe, ¿me escucha?- Una voz femenina y sensual sonó en el interior del coche.

-Te recibo Alicia, danos las coordenadas.

-Hemos localizado  por el GPS el teléfono móvil de Vicky, se encuentra en el antiguo hospital situado al final de la carretera 16.

-Gracias Alicia, ya vamos para allá.

John aceleró el Jaguar hasta el punto de alcanzar los 180 Km/h, en menos de 15 minutos habían llegado a dicho hospital.

Max bajó del coche un poco mareado, pero pronto se incorporó y desenfundó el arma de nueve milímetros que reposaba en la parte trasera de sus tejanos.

John cargó su revólver y juntos entraron en el recinto. No esperaron a que Alana y Diana les alcanzaran, no había tiempo.

Una vez dentro, John llamó al teléfono de Vicky. La enfermera que descansaba la vista en un gran mostrador, llamó la atención de John, pero éste le ignoró.

La enfermera enojada, se lanzó al encuentro de John y le arrebató el móvil de las manos.

-¡Señor, ya le he dicho que no se puede utilizar el móvil!

-Y usted señora podría haber vigilado mejor éste hospital- John se encaró a la mujer de mediana edad.

Max les separó y ordenó a John que se tranquilizara, mientras tanto el compraba información con la, ahora tranquila, enfermera.

Alan y Diana entraban ahora por la puerta, como no, un nuevo pique había  surgido entre la pareja.

-Disculpe el retraso señor, es que el compañero que me ha asignado ha resultado ser más inútil de lo que parecía.

Alan se dio por aludido, pero no quiso introducirse en otra estúpida discusión.

-Jefe, ¿ha aparecido ya?

La enfermera desvió la atención que tenía depositada en Max para centrarse en el apuesto joven rubio que acababa de entrar por la puerta.

-¿Alan?- Se aproximó un poco más al joven y ajustó sus gafas- Cómo has cambiado en todo este tiempo.

John aprovechó la confusión de la enfermera para entrar en la habitación donde había sonado el móvil de Vicky.

John recordó al instante a la mujer que yacía en la cama. Era la anciana que había recibido el disparo la noche anterior.

Se agachó para observar más de cerca la mancha que se encontraba en la camilla de la anciana. Evidentemente la sangre que se encontraba en ella no era de la anciana.

John encontró el móvil de Vicky en el suelo de l húmeda y fría habitación, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. La idea de perder a Vicky no abandonaba su cabeza y por mucho que luchaba por convencerse de que la encontraría, algo le decía que eso no iba a hacer, le ha fallado y seguramente, ya sea demasiado tarde.

 

 

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sáb

29

dic

2012

La encontraremos

Capítulo 13

El día ya amanecía. Los rayos del sol acariciaban la abundante melena de Eva. Aún continuaba sin creérselo, había pasado tanto en tan poco tiempo que no podía asimilarlo.

La casa continuaba en silencio, supuso que aún todos dormían. Se dirigió a la cocina y preparó el desayuno. El café estaba  saliendo cuando alguien le rodeó por la cintura. La joven sonrió al descubrir el rostro de Mario.

-Buenos días princesa, he soñado toda la noche contigo, íbamos al cine y llevabas ese vestido rosa que tanto me gusta, pienso en ti princesa, solo pienso en ti, -Dijo Mario - ¿Por qué lloras?

Mario cambió la expresión de su cara y abrazó a la joven apoyando la barbilla en su cabeza.

-¡Que te quiero!

-¿Y por eso lloras mi vida?- El joven sonrió dejando ver su bella sonrisa.

-No, lloro porque todas las historias tienen final…y esta no va a ser diferente.

-¿Cómo? Claro que esta es diferente, esta es nuestra historia, nosotros decidimos cómo y cuándo se acaba, y por mi parte nuestro cuento se hará eterno.

Eva se abalanzó sobre Mario, tenía razón nada ni nadie podría separarlos es más, lo suyo sería infinito.

-¿Habéis visto a  Vicky?

Lorena se acercó a los jóvenes a la vez que intentaba, sin gran éxito, arreglar su pelo con las manos.

-No, no la hemos visto. Seguramente siga dormida.

-Bueno… ¿Qué hay para desayunar?-Lorena se sentó en la mesa de la cocina y esperó a que Eva le preparara el desayuno.

-¡Tienes más cara que espalda!

Lorena se encogió de hombros y se lanzó sobre las tortitas como si no hubiera mañana.

Oskar entró en la cocina.

-Buenos días chicos- dijo con una amplia sonrisa y tras coger un plato de tortitas, se dirigió hacia el extremo opuesto de la casa.

Notó que una mano le acariciaba, y acto reflejo soltó una patada.

Un estruendo sonido terminó de despertar a Sandra. Encendió la la lamparilla que descansaba sobre la mesita de noche. Contempló con cautela la habitación, no vio a nadie. Se deshizo del matojo de sábanas que la envolvían y se aproximó al borde de la cama. Observó como Oskar intentaba recoger, sin mayor éxito, el chocolate esparcido ahora por toda la alfombra.

-Te tienes que quitar esa mala costumbre de lanzar patadas al aire- Dijo Oskar malhumorado mientras salía de la habitación con las manos sumergidas en las tortitas con chocolate.

Sandra sonrió tímidamente y observó atentamente como Oskar volvía a entrar en la habitación, cerrando la puerta tras de sí.

-¿Cómo has dormido hoy?- La voz de Oskar se apaciguó.

-Hombre, lo que pasó ayer fue difícil de asumir…

Sandra miró a Oskar, su penetrante mirada verde la hipnotizó de tal manera, que no pudo ni quiso evitar lo que iba a pasar.

-No sabes cuánto tiempo llevo esperando este momento Sandra…- Oskar envolvió entre sus brazos a la joven chica. Cuidadosamente desnudó su esbelto cuerpo dejando al descubierto hasta lo más oculto de su ser.

Sandra temblaba ante la atenta mirada de Oskar, que continuaba observándola con gran detalle.

Oskar soltó a la joven y salió de la habitación, Sandra no sabía que pasaba, pasaron diez minutos y el joven no volvía, así que decidió vestirse.

Salió y vio a Oskar hablando con Lorena, se acercó a ellos y escuchó atentamente la conversación que mantenían.

-¿Cómo que no está?- Oskar, inquieto, recorrió la cocina de extremo a extremo- hay que avisar a John cuanto antes…

Mario cogió el móvil y le comunicó la ingrata noticia a su hermano.

-Tranquila Eva, esto no va a quedar así, la encontraremos, te lo prometo.

 

 

 

 

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mié

26

dic

2012

Sola ante el peligro

Capítulo 12

Las calles estaban abarrotadas. La gente simplemente centraba su atención en los mil y un escaparates que se situaban a lo largo de la calle. Lorena, Vicky, Sandra y Oskar caminaban, o mejor dicho, paseaban bajo la tenue luz de las estrellas. Llevaban prácticamente todo el día yendo de tiendas, necesitaban descansar.

-¿Y si vamos a cenar?- La propuesta de Vicky fue bien recibida. Se encaminaron hacia la cafetería, ubicada en el final de la calle.

-¿Qué estarán haciendo Eva y Mario? –Preguntó Sandra para sacar un tema de conversación.

Lorena y Vicky echaron a reír. Sandra y Oskar se miraron perplejos, ninguno de los dos esperaba que las chicas reaccionaran de esa forma.

Los cuatro dirigieron su mirada a la anciana mujer que se encaminaba hacia ellos, libreta en mano.

-¿Saben ya que van a tomar?-La camarera destapó el boli para tomar nota de la comanda cuando un grito resonó en todo el establecimiento.

- ! Cuidado! - Oskar fue a apartar a la anciana pero ya era demasiado tarde. De su brazo brotaba un afluente de sangre. La bala había atravesado a la indefensa anciana como si de un flan se tratara.

La gente, inquieta, salía del local como si la vida les fuera en ello.

Sandra intentaba reanimar a la anciana que débil, yacía en el suelo.

Una ambulancia seguida de varios coches de policía llegaba ya al lugar de los hechos, que ya se había llenado de curiosos y medios de comunicación.

-¿Qué demonios ha pasado?- John dirigió su mirada hacia Oskar y este se encogió de hombros.

Sandra, se interpuso entre los dos y habló.

-Mujer de aproximadamente 65 años, herida profunda de bala producida por un francotirador, por la trayectoria de la bala, procedente aproximadamente del tercer o cuarto piso de los edificios de enfrente, no pudimos hacer nada, nos dimos cuenta demasiado tarde.

John se sorprendió ante la completa respuesta de su secretaria y le dedicó una sonrisa de asombro y admiración. Después miró a Vicky, estaba temblando.

La rodeó entre sus brazos y a media voz le susurró:

-No temas princesa…yo te protegeré.

-Será mejor que vayáis a casa, las calles no son seguras, y menos después de lo que ha pasado.

Los jóvenes siguieron el consejo de Max y volvieron al apartamento, para ir al encuentro de Mario y de Eva.

Vicky no consiguió conciliar el sueño en toda la noche. No conseguía ni siquiera ocultar ese sentimiento de culpa que le corroía. La anciana camarera no merecía haber recibido el disparo, no tenía nada que ver. Solo estaba en el momento y el lugar preciso cuando no tenía que haber estado. Miró el reloj. Eran las cinco. Se levantó de la cama sigilosamente para no despertar al resto. Solo había una manera de que pudiera dormir, tenía que disculparse con la anciana.

Se vistió apresuradamente y pidió un taxi. El trayecto se le hizo eterno, pero 25 minutos después, se encontraba en frente del hospital.

Divisó a una enfermera al fondo del angosto pasillo, pero recordó entonces que no sabía nada de la anciana.

-Perdone, busco la habitación de una anciana, ha ingresado esta tarde con una herida de bala, ¿me podría indicar dónde está?

-Mira jovencita, son apenas las seis de la mañana, el horario de visitas en este centro es muy estricto hasta las diez no podrá visitarla.

-¡Pero no lo entiende! necesito asegurarme de que está bien, por favor será solo un minuto, se lo prometo…

La enfermera miró pensativa al joven y cedió ante la atenta mirada de Vicky.

-Es la habitación 304, coja el ascensor del pabellón trasero, si está durmiendo no la despierte.

-¡Muchísimas gracias!-Vicky abrazó con fuerza a la enfermera y se encaminó a la habitación.

La anciana respiraba con gran dificultad, su mano reposaba inerte sobre su regazo.

Vicky la cogió y la colocó sobre su mano. Nuevas lágrimas brotaron de sus ojos cuando notó que alguien la cogía por detrás.

Vicky luchó todo lo que pudo por zafarse de su agresor pero fue inútil. Nadie podría ayudarla, estaba sola ante el peligro, un peligro que podía acabar muy mal.

 

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sáb

24

nov

2012

Pero no el mejor

Capítulo 11

Las cosas no mejoraban. John y Max no encontraban nada que les ayudara a encontrar a Ramírez. Necesitaban encontrarle, si no, el lo haría antes.

-Max necesitamos ayuda, llama a Sandra, que mande reunir a los mejores agentes de la agencia, deprisa.

-¡En seguida!-dijo Max cogiendo el móvil.

El tiempo pasó lentísimo, hasta que llamaron a la puerta del despacho. Uno a uno los agentes fueron tomando asiento y escucharon toda la explicación de John.

-Mirad, necesito que seáis sinceros, necesito que me digáis quien es el mejor agente.

Los presentes se miraron entre sí, entre murmullos, un joven de apenas dieciocho años  se levantó inseguro.

-Señor-dijo tragando saliva-creo que estoy capacitado para esta misión. Soy uno de los mejores.

-Pero no el mejor-dijo  desde la puerta una joven de pelo corto y ojos azules.

El joven retiró la vista y tomó asiento de nuevo.

-Bueno, trabajaréis los dos-dijo John-Los demás gracias, pero ya podéis volver a vuestros puestos de trabajo.

Los cuatro se quedaron en la habitación prácticamente inmóviles.

-Bueno, ¿cómo os llamáis?

El joven iba a hablar cuando la preciosa chica le fulminó con la mirada.

-Yo soy Diana-dijo ignorando por completo al intimidado joven.

-Yo, yo, yo soy Alan-dijo tartamudeando.

-Bueno chicos, pues bienvenidos a esta misión, he observado Diana que eres un poco repulsiva con Alan, espero que tu actitud cambie, podéis empezar a trabajar.

Diana observo de reojo a Alan antes de salir y después abandonó el despacho. Alana la siguió de lejos hasta llegar a su mesa.

Alan suspiró aliviado cuando alguien le dio la vuelta a su silla.

-Mira mocoso, no me gustas, mas te vale no meter la pata, que quede claro, no soy tu niñera.

Alan tragó saliva y observo como Diana se alejaba con el movimiento propio de una modelo.

-Perdona, ¿puedo utilizar tu ordenador?

El joven se giró bruscamente sorprendido. Ahora su corazón palpitaba a gran velocidad. Alan asintió con la cabeza y se levantó de su asiento para cedérselo a la joven rubia de piel clara que descansaba aun sobre la mesa de escritorio.

-Soy Alicia-dijo la joven con una sonrisa de oreja a oreja- Es que he tenido problemas en mi ordenador, me parece que no voy a poder usarlo en una buena temporada.

-No es molestia, yo soy Alan.

Ambos jóvenes entablaron conversación. Estaban los dos tan cómodos que no se percataron de que eran los últimos en abandonar el edificio.

-Vaya, se ha hecho un poco tarde ya-Alicia se levanto y se dirigió hacia su mesa de trabajo, cogió un gran bolso y una chaqueta de cuero ajustada y se acercó a Alan-Gracias por todo, nos vemos.

La joven besó tiernamente la mejilla de Alan y abandono el recinto. Era aproximadamente media noche, pero Alan no quería marcharse.

Repasó uno por uno todo los archivos relacionados con Ramírez hasta que encontró algo que le llamó la atención.

En la mayoría de los casos aparecía el mismo testigo, el mismo nombre, la misma persona que absolvía a Ramírez de todos y cada uno de los casos que quedaban archivados en el triste almacén de los casos pendientes.

No estaba seguro de lo que significaba, pero sabía con certeza que les daría nueva información, y no se equivocaba del todo.

 

 

 

 

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mié

21

nov

2012

Tú debes de ser Mario

Capítulo 10

Bueno chicos, seguidme- dijo Sandra cogiendo su bolso.

Lorena les siguió a regañadientes hasta el aparcamiento, donde Sandra guardaba su tuneado Mustang del 69. Subió junto a Eva y Mario en la parte trasera, mientras que Vichy se sentó junto a Sandra. Esta,  subió el techo abatible del coche, estaba lloviendo.

En apenas cinco minutos llegaron al centro de la ciudad.

En esa zona no llovía, simplemente chispeaba. Bajaron del coche y entraron en el gran apartamento. La casa de John era mejor, pero ésta no se quedaba atrás.

-Chicos, hay una habitación para cada uno, la mía es la del fondo.

-Sandra, si no te importa yo compartiré habitación con Eva-dijo Mario tocándose el pelo.

-Jajaja, por supuesto, estáis en vuestra casa. Voy a darme una ducha.

Sandra dejó su bolso y se perdió en el apartamento. Las chicas fueron a mirar el resto de la casa. Mientras, Mario se sentó en el sofá.

Alguien golpeó la puerta y fue Mario quién se levantó.

-Hola, tú debes de ser Mario- dijo el joven de ojos brillantes a la vez que extendía su mano.

- Sí. soy yo, ¿ y tú eres... ?

- Soy Oskar, tu hermano me ha enviado para proteger a las chicas, no creo que tú necesites vigilancia.

Mario sonrió y dejó que Oskar entrara en la casa. Las chicas ya habían terminado la ruta por toda la casa y esperaban intrigadas sentadas en el sofá. El joven las saludó y se sentó encima de la mesa de cristal.

Sandra salió de la ducha con un pijama de noche y un turbante en el pelo.

- Chicos, voy a preparar... ¡Oskar!

- Hombre Sandra, volvemos a encontrarnos- dijo el joven mientras examinaba con la mirada todas las partes de su cuerpo.

- ¿Qué coño haces aquí?- dijo Sandra soltándose el pelo y agitándolo agresivamente. Las jóvenes y Mario no daban crédito a lo que acababa de ocurrir.

- Pues, para tu interés, estoy trabajando, tu queridísimo jefe me ha contratado para hacer de niñera tanto tuyo como de las chicas- dijo Oskar situándose delante de Sandra. 

La chica, cabreada, de dirigió a las chicas.

- ¿Y si nos vamos de compras?

- ¡Me parece bien!-dijo Lorena olvidando el roce que hace una media hora había tenido con Sandra.

- Claro ¿Porqué no?- dijo Vicky incorporándose y poniéndose la chaqueta.

- Pues la verdad, es que a mí no me apetece- dijo Eva como si nada.

- Bueno, Mario y tu os podéis quedar, yo iré con las chicas- dijo Oskar mientras sacaba pecho intentando demostrar.

- Bueno, entonces vamos.

Los cuatro abandonaron el apartamento, Mario y Eva se quedaron.

- ¿Y eso que no quieres irte de tiendas?- dijo Mario interesado mientras rodeaba el cuello de Eva y apoyaba su barbilla en la cabeza de esta.

- No sé, prefiero estar contigo- Eva besó suavemente los labios de Mario.

Suavemente, Mario tumbó a Eva en el sofá y la besó apasionadamente. Eva quitó la camiseta a Mario y éste se estremeció al notar las ardientes manos de Eva sobre su espalda. Mario descendió sus manos hasta la parte delantera del pantalón y bajó cuidadosamente la cremallera, liberando a la joven de aquellos pitillos tan ajustados.

Eva terminó de desnudarle ansiosamente y se puso encima de él mientras se quitaba la camiseta.

Mario desabrochó el sujetador de Eva. Le temblaba todo el cuerpo.

-Dime que quieres…-dijo Mario cerca de su oído.

-Dios…si! Hazme tuya-dijo Eva excitada.

Ambos querían, es más, ambos lo deseaban y… por fin sucedió lo esperado. Dejaron de ser dos para ser uno sólo.

 

 

 

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sáb

17

nov

2012

Estarán bien

Capítulo 9

John era un matojo de nervios, su camisa estaba empapada y decidió quitársela.

A pesar de ser invierno, John se moría de calor.

La puerta del despacho se abrió de par en par y Sandra entró.

La mirada de la chica se iluminó al divisar la magnífica obra de arte que la naturaleza había proporcionado como cuerpo a John.

-Sandra ¿qúe quieres?-dijo John ignorando por completo a la chica.

-En su casa no hay nadie señor-dijo la chica en su intento fallido de ocultar la admiración que sentía por él.

-¿Cómo?-John se levantó de la cómoda silla.

Sus abdominales se movían agitados. Sandra se acercó a John y le rodeó con sus brazos. Acercándose más a él, le susurró en el oído:

-Estarán bien

En ese mismo instante, alguien irrumpió en el despacho.

John se apartó de Sandra y corrió al encuentro de los jóvenes que acababan de entrar.

-¡Chicos, menos mal que estáis bien!-John se acercó a Vicky y la besó. Millones de sentimientos se mezclaron junto con sus salivas.

-Disculpe señor yo esperaré fuera-Sandra se vio más afectada de lo que esperaba.

-Está bien, yo les contaré todo, avisa al personal de que estarán por aquí todo el día.

-Entendido-Sandra cerró la puerta, pero se apoyó y se dejó caer hasta quedarse prácticamente sentada en el suelo. Una lágrima cayó por su mejilla. Una tras otra fueron corriendo el maquillaje de la preciosa joven.

-¿Estás bien?-Oskar se arrodilló ante ella y le acarició la mejilla.

La joven se perdió en aquellos ojos verdes y se desmayó.

Abrió los ojos y vio a Oskar muy cerca de su rostro. Sandra se puso nerviosa y casi instintivamente lanzó una patada que alcanzó la nariz de Oskar.

Sandra se levantó del escritorio donde estaba acostada y fue a ayudar al joven. Oskar se echó a reír mientras se tocaba la nariz.

Una mujer con carácter eh Sandra.

-Perdona, ¿te conozco?

-Lo dudo, aunque para no conocerme has cogido mucha confianza-dijo Oskar coloriéndose aún de la nariz.

-Vaya, veo que no pierdes el sentido del humor- dijo Sandra, acercándole una bolsa con hielo- me gusta- terminó con una sonrisa.

Oskar se levantó del suelo ágilmente y se presentó.

-Pero si no me conoces, ¿Cómo sabes mi nombre?

Tú no me conoces, yo a tí, sí- con aire misterioso subió en el ascensor y Sandra lo perdió de vista.

Un escalofrío recorrió todo su cuerpo mientras se retocaba el maquillaje ante el espejo del baño. Su busca comenzó a parpadear.

-Mierda, John... Sandra salió del aseo pegando un portazo tras de sí y se dirigió al despacho de John.

-Lo siento señor ¿quería algo?

-No se disculpe Sandra, como dice mi padre disculparse es de cobardes, pasa.

Sandra entró y se sentó junto a Lorena. Max se fijó en Sandra.

-Vaya Sandra, eres guapa hasta sin maquillar. Lorena fulminó con la mirada a Max, después se apartó de Sandra todo lo que pudo y pellizcó a Max hasta que este gritó en medio del despacho.

-Chicos, ya vale por favor, lo que os acabo de contar es algo serio, Vicky no puedes seguir viviendo conmigo, es muy peligroso; deberías irte con Lorena y con Eva, lo último que quiero es poner tu vida en peligro.

-Pero John quiero estar contigo, pase lo que pase, te quiero y daría mi vida por tí, porque por lo menos habría hecho algo con ella.

Las palabras de Vicky emocionaron tanto a John que la abrazó apasionadamente hasta dejarla sin respiración.

-Disculpe señor, pero podrían venirse a mi casa, es bastante grande, si quiere, claro.

Vichy se levantó y abrazó a Sandra que con una tímida sonrisa de satisfacción observaba a John mientras daba su aprobación.

-Chicos, vosotros ¿que vais a hacer? -dijo John refiriéndose a su hermano y a su mejor amigo.

-John, yo me quedaré con las chicas, estaré más tranquilo sabiendo que están bien- dijo Mario tocándose el pelo y situándose detrás de Eva.

-Me parece bien- dijo John ¿tu qué vas a hacer?

-Pues yo amigo me quedo contigo, necesitarás algo de ayuda, si el tal Ramírez va a por tí, tendrá que ir a por mí.

Los dos jóvenes se abrazaron como si fuera la última vez que lo hacían.

Max fue a despedirse de las chicas y de Mario, éste fue el primero, después se despidió de Eva y de Vichy, a continuación se despidió de Sandra. 

Se acercó a Lorena, iba a besarla cuando ésta le quitó la cara.

Max bajó la cabeza y junto a John abandonó el despacho.

 

 

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vie

16

nov

2012

Este chico es un caso perdido

Capítulo 8  

Le costó bastante abrir los ojos. Había dormido de miedo. Vicky se duchó y se arregló un poco.

John le había dejado una nota diciendo que hoy también iba a trabajar.

-Buenos días a todos-Vicky estaba encantada. Lo tenía todo. Novio, amigos...todo menos familia.

Vicky entró en la cocina y tras coger unas magdalenas y un vaso de leche se sentó en la mesa junto a los demás.

-¿Qué tal habéis dormido?-Vicky dirigió la mirada hacia Lorena y ésta le contestó.

-Yo no he dormido mucho...

-No me extraña - dijo Vichy a la vez que masticaba un trozo de magdalena.

Eva no pudo reprimir una carcajada y Mario le siguió el juego.

-¿Y vosotros que ehh? ¿Que hicisteis? Sin lugar a duda Max se había picado.

-¡Pues a dormir!, dijo Eva sacando la lengua a Max.

-Bueno, ya está bien ¿que queréis hacer hoy?, John está trabajando...

-¿Y si probamos la piscina? Lorena tenía unas ganas tremendas de bañarse.

-Es que... -María se tocó el pelo y prosiguió- nosotros ya la hemos probado.

-Y la habéis estrenado muy bien jajaja-Vichy le guiñó un ojo y la chica rompió a reír. Poco después también lo hizo Vicky.

-Bueno yo me voy a duchar- Lorena se levantó bajo la atenta mirada de Max, que siguió sus pasos.

Max entró en la habitación. Ya se oía correr el agua de la ducha.

Lorena estaba frente al espejo recogiendo su larga melena con una pinza. Cerró los ojos y suspiró. Todo era tan irreal.

Ella seguía en su mundo cuando una mano descendió desde su cintura hasta sus caderas. Lorena se giró. Max se situó frente a ella y la besó. Poco a poco sus manos fueron descendiendo hasta envolver por completo las nalgas de ella.

Max la cogió por la espalda y Lorena se aferró a Max con sus piernas. Ahora Max también estaba desnudo.

-Te quiero- dijo Max con la voz entrecortada.

-Calla y bésame...-Lorena se agarró con más fuerza.

Max se dirigió hacia la ducha y abrió el grifo.

Las gotas de agua recorrían ambos cuepas. La pinza que recogía el pelo de Lorena se soltó y en ese mismo instante el agua bajó su temperatura.

-¡Aahhh!- Lorena se soltó de Max y envuelta con una toalla salió al salón- ¿Que coño pasa?

-Lo siento Lorena, es que tengo que fregar. María dejó el plato en el fregadero y fue al encuentro de Eva y Vichy, que intentaban reprimir la risa con los cojines del sofá.

-¡Que malas sois!-Mario se acercó a ellas y les chocó la mano.

Pocos minutos después Lorena y Max salieron del cuarto de baño.

Max atravesó a Mario con la mirada y éste le contestó sacándole la lengua.

-¿Y si vamos a ver a John? - Vicky estaba deseando ver a su chico.

-Bueno, a mi me parece bien-dijo Max cogiendo las llaves del Bugatti recién estrenado.

-Pues vamos...- dijo Lorena resignándose y cerrando la puerta tras ella ya que fue la última en salir de la casa.

Max ya estaba sentado en el coche cuando Mario abrió la puerta del conductor.

-¿Eres tonto o qué?

-¿Que he hecho ahora?

-Somos cinco, el Bugatti es biplaza subnormal.

-Mierda...

Las tres chicas comenzaron a reírse y Max salió del coche avergonzado.

Estaba claro que lo que tenía de guapo lo perdía de listo.

Vicky salió corriendo y entró en la casa.

Varios minutos después salió de la casa.

-Cogemos el coche de John-dijo sonriendo y orgullosa de haberse acordado de lo que John le había contado.

-Conduzco yo-dijo Max arrebatando el mando del coche que se encontraba en las manos de Vicky.

Vicky sacudió la cabeza de un lado para otro.

-Este chico es un caso perdido.

 

 

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mar

13

nov

2012

Una nueva tentación

Capítulo 7

Una llamada inesperada hizo que John se cabreara. Hoy, sábado, también le toca trabajar. Eran aproximadamente las seis y media de la mañana. John cogió los pantalones negros que se encontraban bajo la cama y se vistió rápidamente. Por último ajustó la corbata rayada que le regaló Nadia a su cuello.

Antes de irse, se quedó unos minutos observando a Vicky. Era perfecta y según le había comentado quería ir a la universidad.

Salió de la casa y entró en el Jaguar. Cerrando los ojos suspiró, estaba cansado. Muy cansado.

Había estado con Vicky toda la noche. Sonrisa.John lució su brillante dentadura mientras ajustaba el retrovisor. Por fin arrancó.

En apenas veinte minutos llegó al parking del edificio en el que trabajaba.

Esta vez el ascensor tardó. La puerta se abrió.

Dentro había una joven de aproximadamente metro setenta, taconazos de vértigo y pitillos ajustados.

La joven empezó a hablar:

-Hola, soy Sandra-la joven tenía la voz temblorosa, estaba claro que John le imponía.

-¿A qué piso vas, Sandra?-John no tenía ganas de hablar.

-Al sexto.

En eso, la puerta se abrió. Ambos salieron con cierta distancia entre los dos.

Nadia salió a su encuentro:

-Vaya señor, parece que ya ha conocido a mi hija.

-Voy a ser su sustituta-dijo Sandra orgullosa.

-¿Su sustituta?-John aún estaba dormido, le costaba pillar las cosas.

-Si señor, me tengo que ir a cuidar de mi madre que está muy enferma. Pero descuide, Sandra lo llevará bien.

Sandra se acercó a su madre y la abrazó. Fue una despedida emotiva.

Apenas eran las siete de la mañana cuando alguien golpeó la puerta de su despacho.

John fue personalmente a abrir la puerta.

-¿Querías algo?-A John no le agradaba la idea de que Sandra fuera su secretaria. Quería a Vicky, pero Sandra era una tentación.

-Hay un hombre que quiere verle.-su madre le había hablado de él tanto. Era mejor en persona- ¿Le digo que pase?

-Sí, por favor.

John dejó la puerta abierta y se dejó caer en el confortable sillón de su despacho.

-Yeee hermano- un hombre de raza negra con pintas barriobajeras entró en el despacho-. Me acaban de soltar del trullo.

-Jeff. ¿Que te trae por aquí?

-No tronco, venía a avisarte.

-¿A avisarme de qué?

-¿Te acuerdas del narco a el que enchinoraste?

-Sí... creo que si ¿cómo se llamaba?

-No se tío pero en chirona la llamaban el "pastis". Oí un rumor de que por una pastilla mató a uno.

-Bueno... ¿pero a que has venido?

-Va a por tí, colega, a por tí, y a por los tuyos.

-¿Qué?- John cogió el teléfono y poco tiempo después Sandra apareció en el despacho.

-Sandra, necesito que llames a mi padre, dígale que es urgente ¡venga, vamos!

Sandra salió corriendo hacia su mesa y marcó el número que su madre le había dejado en un posita situado en el escritorio. ¿Que pasará? La joven estaba confundida. John estaba preocupado.

-Pero Jeff, ¿cómo te has enterado?

Verás colega era mi compañero de celda.

-Pero ¿te contó algo? A John no le cuadraban las cosas. Ramírez jamás revelaría sus planes a no ser que ganara algo con ello.

-Que va brote, le vi hablando con un ruso.

-¿El ruso? ¿Sabes por casualidad porque cumplía condena?

-Creo que es un traficante de armas principiante, poca cosa.

-Y es ruso...

-Que va loco, es colombiano.

-¿Y porque le llaman así?

-Porque es más blanco que la leche brote; si no hablara pensaría que está muerto. 

A pesar de la tensión del momento, John sonrió ante la ocurrencia de su amigo. Sandra entró tras llamar a la puerta.

-Señor, su padre ha llegado.

-Dígale que pase, por favor.

Sandra obedeció y llevó a Pedro al despacho.

-Hijo, me gusta tu nueva secretaria.

La joven, sonrojada, se disponía a salir cuando escuchó a John.

-Sandra, quédate, por favor, necesitaremos consejo.

Por primera vez en todo el día Sandra recibió un trato especial por parte de John.

 

 

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mar

13

nov

2012

No ha sido un error

 Capítulo 6

 Vicky entró en la habitación:

-¿Estás bien?

-Tu qué crees...

Ahora si rompió a llorar. Vicky la abrazó con fuerza. No entendía porque le afectaba tanto, le acababa de conocer, aunque ella era la menos indicada para hablar.

La puerta de la habitación se abrió de nuevo.

-Vicky, ¿Te importa dejarnos solos?

La chica negó con la cabeza y tras darle un beso a su amiga en la frente, salió de la habitación.

Mario se sentó en el otro extremo de la cama.

-Lo siento...-dijo Mario, con la voz quebrada, arrepentido, transmitía dolor.

-¿Qué lo sientes?-Eva elevó la voz más de lo que debía y bajó el tono-Tu no sientes nada...

Una lágrima cayó por el rostro de Eva. Mario acercó su mano pero ella la apartó.

-¡Yo también tengo sentimientos, joder!

-Los tienes, pero por lo que veo no hacia mí....-dijo Eva tapándose la cara para que Mario no la viera llorar.

-¡Te acabo de conocer! ¿Pero qué quieres que diga?... ¿Te quiero?

-Quiero que reconozcas lo que ha pasado entre nosotros y que si ha sido un error me lo digas.

-No ha sido un error.

-Entonces, ¿por qué lo has negado?-dijo Eva sin controlar el volumen de su voz.

-Por vergüenza.

-Ah, que encima te avergüenzas de mi-dijo Eva marcando bien el sarcasmo de su frase.

-¿Se ha acabado?-preguntó Mario mirando fijamente los ojos de la joven.

-Pero Mario, ¿no lo entiendes? No se puede terminar algo que no has empezado.

-¿Quieres salir conmigo?

-¿Qué? Lo tuyo es muy fuerte chaval.

Esta vez, Eva no se apartó y dejó que Mario le acariciara la mejilla. Éste se acercó a su oído y pronunció las palabras que nadie le había dicho jamás a Eva:

-Te quiero.

Eva se dejó caer en la cama. Todo esto le superaba.

-Bueno, necesitarás estar sola, mejor me voy ya.

-Noquéate conmigo.

Eva no sabía lo que hacía. Su cerebro pedía que se fuera, en cambio, su corazón, deseaba que se quedara.

-Está bien, iré a avisar a mi padre de que paso la noche aquí.

-Vamos los dos.

Eva cogió a Mario de la mano y mirándole a los ojos dijo:

-Si

-¿Qué?

-Que si, que quiero salir contigo.

Los dos sonrieron y salieron de la habitación.

Para la sorpresa de ambos, no había nadie.

-Es tarde, se habrán ido a dormir-concluyó Eva.

Los dos se sentaron en el sofá:

-¿Qué hacemos?-preguntó Eva abrazándose a Mario.

Éste estaba más nervioso de lo normal. Incomodado se levantó del sofá y dio vueltas por todo el salón hasta que por fin habló.

-¿Y si salimos fuera?

La chica sonrió y salieron al jardín. Había luna llena. La piscina estaba iluminada por unos faros de luz blanca. Era romántica.

-Espera-Eva salió corriendo y volvió poco tiempo después con un bañador negro descubierto por la espalda.

Mario se quedó boquiabierto. El vientre plano de la joven se movía agitado por la carrera.

Se tiró de cabeza en la piscina. Mario tras quitarse la camisa, le siguió. Ahí estaban, juntos, de noche.

Eva se sumergió en la piscina y unos segundos después emergió del agua. Mario le observaba atentamente.

La chica se aproximó al joven a la vez que dibujaba círculos sobre el agua.

Mario tenía los nervios a flor de piel, pero no le importaba. Había llegado el momento, Eva era la chica ideal, la chica perfecta.

Ambos se hundieron en un profundo beso.

Mario estaba seguro de lo que iba a hacer, descendió sus manos hasta rodear por completo la cintura de la chica y ésta se desabrochó el bañador atado al cuello.

Todo iba bien hasta que les interrumpieron.

-¿A qué no se nota el frío de fuera?-Vicky aguantó la risa, pero fue inútil, rompió a reír.

No sabíamos que estabais aquí si queréis nos vamos-John se sentía culpable, con lo que le habría costado a su hermano.

-No, no pasa nada-dijo Eva abrochándose el bañador-además yo me iba a dormir ya.

-Si, yo también hermanito-dijo Mario sonrojado.

-Mario, es muy tarde ¿Por qué no te quedas a dormir?

A Eva se le iluminaron los ojos. Era un sueño, tenía que ser un sueño.

-Eso quedate, puedes dormir en el sofá, porque no quedan camas libres.

Vicky guiñó el ojo a Eva. Era su oportunidad.

-Si quieres puedes dormir conmigo cariño-Eva le cogió de la mano y el joven afirmó con la cabeza.

¿Cariño? ¿Tanto se han perdido? Eso parece.

-Bueno nosotros nos vamos ya-Eva abrió la puerta corredera-que paséis buena noche.

Vicky y John sonrieron y se despidieron con un movimiento de mano.

-¡Qué noche tan bonita!-Vicky se acostó en el césped.

-Casi tanto como tú...

John se inclinó sobre ella y una noche más la pasión se juntó en un solo cuerpo.

 

 

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dom

11

nov

2012

Todos los tios son iguales

Capítulo 5

-No me digas, Mario, que no te gusta.

-¡Yo no he dicho nada!

-¡Ayy, hermanito! Tienes que espabilarte.

Una bofetada prosiguió estas palabras. John salió de la cocina en cambio, Mario, se quedó pensativo en ella...

Mientras tanto los tres conversaban en la mesa.

-¿Qué? ¿Te ha gustado mi hermano?

Eva no se lo podía creer, ¿su hermano? No se parecían en nada.

-No está mal, pero no me gusta y yo tampoco le gusto a él.

-Eva, ¿Porqué no vas a buscarle?, se va a enfriar.

A Vicky le daba igual que se enfriara, lo que pasaba es que se moría de hambre.

-Vale.

Eva se dirigió a la cocina y entró.

-Mario se va a...

Eva no pudo acabar la frase. Mario se abalanzó sobre ella y la besó.

El beso duró cinco segundos. Pocos segundos, pero intensos.

El joven se apartó de Eva. Estaba nervioso. Siempre que estaba nervioso se tocaba el pelo.

Intentó salir de la cocina pero Eva le cogió del brazo.

-Espera...

Eva cogió los brazos de Mario y los situó en su cintura. Ella colocó los suyos en el cuello del joven y otro beso llegó.

Eva estaba encantada. Ese chico era diferente, especial y lo mejor de todo, le hacía sentir especial.

Mario fue el primero en salir y en sentarse con John y con Vicky.

Poco después salió Eva.

Vichy no esperó a que su amiga se sentara. Empezó a comer y los tres la siguieron.

-Que ¿os habéis perdido? Habéis estado diez minutos en la cocina. Vicky estaba enfadada pero conforme su estómago se llenaba, su humor mejoraba.

-Jajaja, ¡déjales! ¡Han tardado poco! John estaba seguro de que su hermano se había lanzado. No había más que mirarles. No paró de tocarse el pelo en toda la cena.

Recogieron la mesa entre los cuatro y se sentaron en el sofá.

-¿Jugamos a algo?

-Vale Vicky, pero ¿a qué?

John y Vichy se miraron cómplices y ella fue la que empezó a preguntar.

-Mario, para tí ¿Ha pasado algo en la cocina?

El joven se sonrojó.

-No.

Eva no daba crédito, miró a Mario. Éste esquivó su mirada.

La chica se levantó del sofá, tiró el cojín a Mario y corrió hacia su habitación.

Se sentó en la cama. Tenía ganas de llorar. Esos diez minutos que para ella habían sido todo, para él no habían sido nada. Era una tonta. Había pensado que él era diferente. 

Su hermana tenía razón, todos los tíos son iguales.

 

 

 

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dom

11

nov

2012

Esa brillante idea

Capítulo 4

Iba a ser un día largo. John no conseguía quitarse la imagen de Vicky de la cabeza. ¿Qué tenía esa chica de especial? Seguramente nada, pero John tenía claro que Vicky era la chica de sus sueños.

Abandonó el Jaguar y cogió el ascensor. Sólo tuvo que esperar unos segundos para que éste llegara a la sexta planta. En esto había mentido un poco a Vicky. Si, era policía, pero detective privado.

Nada más entrar Nadia, su secretaria, le dio su café de todos los días, haciendo un gesto de agradecimiento, John entró su despacho, cerrando la puerta tras él.

Habían transcurrido más de dos hora. Es cierto que de director cobraba más, pero prefería el trabajo de campo que hasta hace poco hacía. Su vida en esos tiempos era ajetreada, pero se lo pasaba bien, se divertía.

John sacó el móvil y recordó que hizo una foto a Vicky mientras dormía, la pasó al ordenador y abrió el archivo. Éste mostró la imagen de Vicky envuelta en la sábana de sedase transparentaba.

En eso, la puerta del despacho se abrió de golpe. John cerró la imagen:

-¡Hombre, hijo! ¿Que tal tu primer día como director general?

-Prefería la calle

El anciano de pelo blanco se acercó hasta John y puso sus manos en los hombros del mismo.

-Era muy peligroso, tu madre y yo estamos más tranquilos si trabajas en la oficina.

John se levantó de la silla y observó pensativo a través de la ventana.

El anciano se colocó a su altura y comenzó a hablar.

-Hijo, ¿cómo va tu vida personal?

-No entiendo a que te refieres-John lo sabía perfectamente pero siempre intentaba esquivar las cuestiones personales que su padre le formulaba.

El anciano con una sonrisa pícara se acercó hasta el ordenador y tras abrir la imagen giró la pantalla hacia John.

-No me engañas hijo...-una fuerte risa sonó en el despacho.

John no conseguía encontrar una excusa, seguía pensando cuando su padre le habló.

-¿Cómo se llama? Es guapa.

-¡Vicky!-John apartó bruscamente a su padre y cerró la imagen, poco después la eliminó.

-Jajaja-la secundaria alertó a Nadia.

-¿Se encuentran bien los señores?

-Si, perfectamente. Pedro ya se iba. Acompañelo a la entrada, ya hablaremos papá.

-Pero hijo...

-Adiós.

John cerró la puerta y suspiró aliviado.

-Ya queda menos-Pensó John en voz alta.

La última media hora pasó rápida. Por fin vería a su chica. Mierda. John se acordó de las amigas de Vicky, esa noche se tenía que olvidar.

Subió al Jaguar, puso la radio a todo volumen y en menos de quince minutos había llegado.

Los gritos y carcajadas de las chicas se oían en toda la calle.

Si la mañana había sido larga...vaya noche le esperaba.

Nada más abrir la puerta Vicky se lanzó sobre él. Menuda bienvenida.

Los cuatro rompieron a reír. Lorena y Eva observaron como su amiga susurraba algo en el oído de John.

Éste con una sonrisa saludó a las jóvenes con dos besos y salió al jardín.

-¿Que le has dicho?-preguntó Lorena aferrándose con fuerza a un cojín. Los nervios podían con ella.

Eva, en cambio estaba como siempre, nunca se alteraba más de la cuenta pero no podía negar que estaba ilusionada.

Hace una media hora, Vicky les había comentado que había tenido una idea, pero había insistido  en que tenía que llegar John.

-Ya está cariño-dijo John desde la puerta corredera.

-¿Si? Muchísimas gracias cariño-Vicky le abrazó con fuerza.

-¿Me ayudas a preparar la cena?

-Claro que sí.

Los dos entraron en la cocina cogidos de la mano.

-¡Qué nervios Lorena!

Lorena no daba crédito de lo que acababa de oir, era la primera vez que veía a su hermana eufórica.

Eva no comprendía nada, hace un rato estaba bien, tranquila.

En eso el timbre de la puerta resonó en toda la casa.

-Chicas, ¿podéis abrir?-John estaba nervioso sin ningún motivo. Debía reconocer que Vicky era brillante.

Fue Eva la que se levantó a abrir la puerta, llevaba un camisón de las supernenas. Le venía pequeño pero le encantaba y no lo iba a tirar por nada del mundo. Demasiado pequeño.

Abrió la puerta y en la entrada divisó a dos jóvenes. Uno de ellos tenía un cuerpo bastante robusto, el otro, en cambio, era más normalito, pero muy guapo.

Eva se apartó de la puerta y permitió que los dos jóvenes pasaran.

Lorena, nada más verlos, se levantó, se ajustó el sujetador y le dio dos besos a cada uno.

El más robusto de todos se acercó a Eva y le dio dos besos.

-Hola-dijo en tono amistoso-soy Max.

Max empujó al otro chico hacia Eva y el joven se vio obligado a darle dos besos.

-Hola, yo soy Mario.

Eva correspondió a Mario con una sonrisa y se presentó.

La chica observó como su hermana tonteaba ya con Max y poco después vio como se iban a la habitación de invitados.

-Vamos a la cocina, John está ahí.

-Vale.

Eva se dio cuenta de que Mario era tímido y eso, no sabía porque le gustaba.

Al entrar en la cocina, la cena ya estaba casi lista.

-Jajaja-Eva no pudo evitar reírse-Me parece que Lorena y Max ya van por el postre.

-¿Ya? Si que van  rápido, bueno, cenamos los cuatro.

Vicky y Eva salieron primero cargadas con dos platos cada una. Lo demás ya estaba puesto.

 

 

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dom

11

nov

2012

Un encuentro diferente

Capítulo 3

Lorena y Eva no podían dejar de pensar en Vicky. La han llamado más de veinte veces. ¿Le habrá pasado algo? La sensación de culpa aumentaba cada segundo.

Antes de despedirse habían quedado en que Vicky tenía que llamarlas para que se aseguraran de que estaba bien. Lorena volvió a coger el móvil y realizó la llamada que tanto se había repetido a lo largo de la noche. Nada, seguía apagado. Los primeros rayos de luz entraron por la ventana del gran salón.

A diferencia de Vichy, Lorena y Eva pertenecían a una familia adinerada. El padre de ambas trabajaba como gerente de ventas de una prestigiosa empresa de automóviles y la madre era decana en la universidad, donde pronto estudiarían las dos.

Lorena estaba agobiada y decidió darse una ducha.

Eva, en cambio, se tumbó en su cama a leer un rato. Leer era lo único que conseguía apartarle de la realidad.

En ese mismo instante el teléfono de Eva sonó. Ésta se abalanzó sobre el mismo, pero no era Vicky. Entonces ¿quién era?

-¿si? La voz de Eva sonó apagada, era evidente la preocupación que la invadía.

-Hola cariño, siento no haberos llamado antes ¿te he despertado?

-¡Vicky! Estábamos muy preocupadas. ¿por qué no nos cogías el teléfono?

-Es que está sin batería, dijo Vicky avergonzada.

-Entonces ¿de dónde  llamas?

-Es una historia muy larga. ¿Esta tarde tenéis algo que hacer?, preguntó Vichy.

- no, no tenemos nada ¿porqué lo dices?

-Espera un segundo, dijo Vichy soltando el teléfono encima de la mesa de café. Mientras tanto, Eva jugaba con un boli sobre la cubierta del libro que estaba leyendo por tercera vez, "Cállame con un beso".

Su amiga volvió al teléfono.

-Oye, estaros listas, a los diez pasos a por vosotras aah y avisad a vuestra madre de que pasareis el fin de semana conmigo. Vicky estaba encantada de que John hubiera aceptado la idea que había propuesto.

-Vale, pero ¿dónde iremos?

-Vosotras hacedme caso, nos vemos luego, avisa a Lorena.

Tras estas palabras, Vichy cortó la llamada. En ese instante, Lorena entró en la habitación. Una toalla envolvía su cuerpo perfectamente dibujado y una pinza recogía su impresionante pelo largo y ahora rizado por la espuma.

A pesar de que eran gemelas, Eva pensaba que Lorena era más guapa.

Eva le contó por encima la historia y tras coger los shorts marrones y una camiseta a juego, salió para la ducha. Ya estaban preparadas.

Lorena llevaba el pelo rizado y se había maquillado.

Eva en cambio, iba más sencilla y llevaba el pelo mojado. No le daba tiempo a secárselo.

El sonido de un claxon alertó a las jóvenes.

Se despidieron de su madre con un beso y salieron de la casa. Observaron desde la entrada la figura de su amiga junto a un deportivo negro.

Vicky, al darse cuenta de la presencia de sus amigas, abandonó definitivamente el coche y se abalanzó sobre ellas. Las tres aterrizaron en el césped. Al contemplar la escena, John decidió aproximarse.

-Chicas, se me hace tarde, ¿podéis dejar esto para luego?

Vicky fue la primera en levantarse y John le recibió con un fuerte beso.

-Ves al coche cariño, ya vamos.

Otro beso, ésta vez con más pasión, llegó.

El joven se dirigió al coche y Vicky se giró hacia sus amigas.

Ambas se echaron a reír. Vicky no comprendía nada y decidió dejar el tema.

-Anda vamos, que John tiene prisa.

Las tres entraron en el coche. Lorena y Eva preferían no hablar, simplemente escuchaban con atención la conversación que su amiga mantenía con aquel chico de aspecto juvenil.

-¿Oye cariño, ¿por qué tienes tanta prisa?

-Es viernes, tengo guardia en la comisaría.

-Ahh,es verdad.

-Yo os dejo en casa y ya hablamos esta noche, ¿vale mi amor?

-Vale

Un nuevo beso dejó a las jóvenes boquiabiertas.

Las tres salieron del coche y contemplaron con el deportivo se alejaba de la casa.

Vicky rebuscó en los bolsillos de la chaqueta que John le acababa de regalar y extrajo las llaves de la casa, por el tamaño, más parecida a una mansión.

Vicky todavía no había ido a su casa a coger sus cosas. Le traían demasiados recuerdos, así que John le compró algo de ropa. Tenía estilo.

Las jóvenes entraron en la casa y no pudieron reprimir su entusiasmo, sobretodo Lorena.

-Dios-dijo gritando-con este has pegado el braguetazo.

Ahí Lorena lleva algo de razón, aunque no sé como tu padre te ha dejado venir.

Vicky se sentó en el sofá donde pocas horas antes había estado con John.

-Chicas mi padre está muerto...

Vicky rompió a llorar y la casa, que antes estaba en silencio, se inundó de sollozos.

Lorena y Eva se sentaron junto a su amiga, una a cada lado, pero ya no hacía falta que la animaran.

Vicky se secó las lágrimas con el pañuelo que envolvía su cuello, y respirando hondo esbozó una sonrisa.

Lorena y Eva no salían de su asombro. Durante una hora aproximadamente escucharon sin perder el mínimo detalle, como Vicky les narraba su noche, una noche de película.

Eva apreciaba un montón a Vicky, pero la envidia le corroía.

Era la única que no había encontrado novio. No había encontrado a su príncipe azul, pero, en estas semanas aparecerá, casi por casualidad, alguien especial en su vida.

 

 

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dom

11

nov

2012

Algo más que el corazón

Capítulo 2

Vicky abrió los ojos lentamente. Los párpados le pesaban. ¿Dónde estaba?

En ese instante la puerta de la habitación en la que se encontraba se abrió.

John llevaba un gracioso delantal que cubría su torso desnudo. Éste llevaba en sus manos una bandeja en la que se podía apreciar un gran vaso de zumo de naranja y una flor roja que sobresalía.

-Buenos días Vicky-dijo John dándole un beso en la frente y esbozando una sonrisa de oreja a oreja.

Vicky imitó al joven y cogió la bandeja. Tenía hambre, demasiada.

Vicky no sabía si era porque tenía hambre o porque se las había hecho John, pero eran las mejores tostadas que había comido.

El joven comenzó a hablar.

¿Qué tal has pasado la noche?-su voz sonó apagada. Se notaba que estaba preocupado.

-Bueno...-la joven estaba desolada-no puedo quitarme la imagen de mi padre de la cabeza.

Una lágrima se formó en sus ojos y descendió hasta sus labios.

John se acercó y los besó suavemente. Vicky no pudo hacer nada o mejor dicho no quiso hacer nada, simplemente se dejó llevar.

John no solo le robó el corazón, también su virginidad.

Un escalofrío la despertó. Por una pequeña ventana entraba el viento gélido de Enero. Se levantó envuelta en una fina sábana de seda y cerró la ventana. Aún había claridad.

Vicky cogió una camisa que encontró en la habitación y salió de ella.

Ahí estaba él. Tan guapo como lo recordaba. Estaba leyendo algo. Un libro que a ella le resultaba familiar.

Se a próximo a él y éste le recibió con un profundo beso a la vez que cerraba el libro."Cállame con un beso”, le suena, pero de qué. Ya lo sabe, ese era el libro que tanto le gustó a Eva, pero si no recuerda mal había otros dos.

-¿Te gusta?-Esta vez fue Vicky la que rompió el hielo.

-Bueno...la verdad es que si, soy un chico bastante romántico y además me encanta la lectura. ¿Quieres algo de comer?

-No, gracias.

Vicky no se lo podía creer. Es perfecto, guapo, listo, romántico...policía. Ya tiene a alguien que la proteja, aunque puede que lo único que haga sea ponerla en peligro.

 

 

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sáb

10

nov

2012

Una simple coincidencia

Capítulo 1

Vicky era una chica cualquiera hasta que lo conoció. Era una tarde lluviosa de invierno. Vicky, Lorena y Eva salían del baile escolar. Era aproximadamente la una y media de la madrugada. La lluvia había cesado. Lorena y Eva eran hermanas, por lo que se fueron juntas.

Vicky se quedó sola. Su padre se había olvidado de recogerla y su casa estaba demasiado lejos como para ir andando a esas horas.

-Esto no habría pasado si mamá hubiera estado aquí. Desde que murió, su padre se había echado a la bebida, más que un padre parecía un viejo moribundo.

Tenía frío, sus hombros al descubierto, dejaban ver su piel suave y bronceada. Algo cayó sobre ellos.

Un joven apuesto dejó caer su chaqueta. Vicky se aferró a ella y se sobrepuso. Se situó frente al joven. Sin ninguna duda era guapo. Vicky se introdujo en un trance, tal vez por la pasión del momento, hasta que la voz del joven la despertó.

-¿Qué haces a estas horas, sola, aquí?

La chica se sentó, seguidamente, el también lo hizo.

-Mi padre... susurró la chica en un tono casi inaudible.

-Tengo coche, si quieres te acerco.

-Vivo un poco lejos, gastarás mucha gasolina. No te preocupes, estaré bien, dijo la chica bajando la cabeza.

-No lo estarás, vamos, está ahí mismo.

El chico le ofreció la mano y Vicky tomando la mano de éste como apoyo, se levantó para encaminarse hasta el coche. No tuvo que esperar mucho. Pronto divisó el coche.

Vicky no se lo podía creer, era el coche de sus sueños. Un Jaguar.

El joven le abrió la puerta y Vicky entró con dificultad, ya que su largo vestido le quitaba bastante movilidad.

El joven puso la radio y dijo:

-Perdón por no haberme presentado antes. Me llamo John-Tuvo un tono educado y cortés.

-No pasa nada. Soy Vicky.-No pudo evitar que se le escapara una tímida sonrisa.

John se percató al instante.

-Tienes una sonrisa preciosa.

Vicky no se dio cuenta pero sus pómulos estaban cada vez más sonrojados.

Vicky, incomodada por el silencio se decidió a hablar:

-¿Y qué estudias?

John se sorprendió por la pregunta y respondió sinceramente.

-La verdad Vicky, es que no estudio. Verás, soy policía.

La radio seguía sonando. Vicky la apagó y repitió la última frase que John había dicho.

-Pero... ¿qué edad tienes?-Preguntó Vicky preocupada y a la vez decepcionada. Ese chico tenía algo, algo que le llamó la atención desde el primer instante en que lo vio.

-Diecinueve, cumplo veinte dentro de unas semanas.

El coche volvió a estar en silencio hasta que llegaron a la casa.

-Bueno hemos llegado ya-dijo Vicky rompiendo el silencio acumulado en el interior del coche.

El joven salió antes que ella, le abrió la puerta del coche y se acercó levemente a ella.

La chica notó la respiración agitada de él, estaba preparada para el beso cuando John habló.

-Adiós-dijo susurrando ante la comisura de sus labios.

Éste se aproximó aún más a la joven y le acarició con sus labios la mejilla. Vicky sintió como un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

Observó detenidamente como el coche se perdía en la penumbra y así sus esperanzas de volver a ver a ese chico dos años mayor que ella que en una sola noche le había robado el corazón.

Entonces lo recordó. Su chaqueta. La joven se abrazó a ella y su sonrisa salió a la luz.

Era bastante tarde, pero no pudo reprimir un pequeño grito de emoción. Eso significaba que tarde o temprano le volvería a ver.

Introdujo la llave en la cerradura y abrió la puerta.

Era la misma imagen de todos los días, pero había algo, algo diferente.

Se acercó al sofá dónde puso su bolso y observó a su padre tendido en el.

Vicky se extrañó, no roncaba.

Asustada, se acercó y por fin pasó lo que llevaba tiempo esperando. Su padre había fallecido.

Vicky se puso nerviosa, no sabía qué hacer, cogió su móvil y llamó a la policía.

En ese instante alguien entró, ella estaba demasiado trastornada como para mirar quien había entrado. Era John.

El joven entró alegre y dijo:

-Te has dejado las llaves puestas, vengo a por mí chaqueta...

El joven vio a Vicky acurrucada en un rincón de la pequeña estancia.

 

Preocupado se acercó corriendo y la abrazó. Ésta no pudo reprimir sus lágrimas. No hacían falta palabras, las imágenes hablaban por sí sola.

-Mi padre...-dijo Vicky tomando aire.

-shhh, lo sé, lo sé.

John acurrucó la cabeza de la joven en su pecho.

Las sirenas resonaban en toda la calle.

Vicky continuaba abrazada a él, no quería perederle, no en ese momento.

Uno de los policías se acercó a ellos.

-Hola, buenas noches perdonen las molestias pero tengo que hacerle unas preguntas.

Vicky se quitó las lágrimas de los ojos y contestó claramente a las preguntas del agente, hasta que llegó la que más temía:

-¿Qué edad tiene señorita?

La joven dudó unos instantes pero decidió contestar sinceramente.

-Tengo diecisiete, dentro de tres semanas hago la mayoría de edad.

El policía lo apuntó en una libreta y prosiguió:

-Mire señorita-dijo el policía poniendo un tono serio-su padre llevaba varios meses sin pagar la casa, me temo que el banco se la embargará.

Vicky se dejó caer al suelo, no podía creérselo, sin nadie ni nada.

El policía habló de nuevo esta vez con John.

-Pobre chica, está sola y en la calle.

John enfadado contestó al policía:

-No, no lo está, me tiene a mí se vendrá a mi casa el tiempo que haga falta.

John se agachó y acarició el pelo de Vicky. Ésta cerró los ojos. Estaba cansada. No podía más se durmió en sus brazos.

John la cogió colocando un brazo bajo la nuca y el otro por la parte trasera de las rodillas de la chica.

Metió a Vicky en la parte trasera del Jaguar.

 

 

 

 

 

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